Argentina y la Ciencia y la Tecnología. Entrevista con Lino Barañao

Por Darío Drucaroff
El Ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva en Argentina recibió a CanalAR para dialogar sobre temas como la política, la economía, la audacia y la innovación

Desde el 2003 y hasta el 2007, Lino Barañao fue Presidente del Directorio de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, y desde el 2007 la presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo designó ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de la Nación, convirtiéndose en la primera persona en ocupar ese cargo en la historia del país.

Lino Barañao

¿Cuál es la visión del ministro sobre el impacto de la Ciencia y la Tecnología en el país? Barañao recibió a CanalAR en el ministerio para dialogar sobre esto y muchas otras cosas que quedan expresadas en el siguiente diálogo.

- Durante el balance de los siete años del ministerio, en diciembre, hablaste sobre un nuevo paradigma científico en Argentina ¿En qué consiste y qué pasos tuvieron que darse para lograrlo?

- El nuevo paradigma sigue los lineamientos que le plantié a la entonces candidata a presidenta, cuando la conocí en el consulado argentino en Nueva York, de pasteurizar la ciencia argentina. Esto significa introducir el modelo de ciencia que hacía Pasteur, que es el de la ciencia básica inspirada en el uso, que permite superar esta contradicción entre los que hacen ciencia pura por el avance del conocimiento y aquellos que hacen tecnología. Lo que dice un autor norteamericano que se llama Dondald Stokes es que lo que hay que hacer es esto del cuadrante de Pasteur, que es algo original pero al mismo tiempo aplicable. Que la práctica implica que la gente haga investigación motivada por la curiosidad, pero que preste atención a la posible aplicación que pueda tener lo que hace.

- ¿Cómo se logra semejante cambio?

- Me parece que el principal cambio que hemos tratado de producir en la ciencia argentina es la ciencia como generadora de trabajo de calidad. Es una función que jamás se le vio al sistema científico. Siempre se lo vio como algo que hacía gente que tenía una inteligenica excepcional, fondos que no se sabía de dónde venían, un poco casi la idea del investigador renacientista, pero una actividad muy metropolitana, elitista y bastante machista, eran casi todos hombres los que investigaban. De eso queremos pasar a una ciencia que tiene componente federal, que se hace en todo el país, se inserta en la realidad de cada provincia, realizada por equipos interdisciplinarios. No hay prácticamente ningún avance trascendental que hoy por hoy no implique la interacción de más de una disciplina. Si hay un problema de suficiente envergadura va a requerir de distinas visiones, gente viendo el problema desde distintos ángulos. Y ese no es el tipo de ciencia que se hizo históricamente, que esta muy concentrado en avances incrementales sobre un área muy discreta del conocimiento. Salvo los grandes proyectos que encaró por ejemplo la CONEA, el desarrollo de la tecnología nuclear, el que encaró INVAP para la construcción de reactores, no han habido muchos de esos proyectos. Generalmente lo que ha financiado el CONICET, todo lo que se hace en las universidades, es un grupo de investigadores y sus becarios que se convierten en especialistas en un tema, que pueden publicar periódicamente y eso les permite seguir perteneciendo a la carrera de investigador, hasta que se jubilan. Eso está bien para el investigador, pero no es demasiado eficiente en términos de lo que la sociedad espera. Entonces, lo que tratamos de hacer es incrementar esta componente de aplicabilidad de lo que se hace, mostrar mayor interés por problemas concretos que tiene la sociedad argentina y que tiene que ser resuelto desde distintas disciplinas, desde la nanotecnología a la sociología. Y lo que afortunadamente ocurrió es que producto de este mayor apoyo político que se percibió en la ciencia, los investigadores asumieron con mayor convicción su responsabilidad de hacer cosas que realmente se vean. Es cierto que también modificamos los criterios del CONICET, porque el problema es que la gente que hacía cosas aplicadas no siempre era reconocida, porque los evaluadores no eran personas que hacían cosas aplicadas. Entonces hemos corregido eso, un sistema de proyectos que son validados por otros parámetros, y que permiten el reconocimiento de las tareas de transferencia hacia la sociedad. Esto es una tarea de largo aliento. Nosotros empezamos en lo que hace al incremento del financiamiento y algunos lineamientos en el año 2003. Durante la gestión de Néstor Kirchner yo era presidente de la Agencia de Promoción Científico Tecnológica, y luego sí con el cambio de status a nivel de Ministerio esto se facilita. Se facilita por ser una clara muestra de reconocimiento de la importancia de la ciencia ante la comunidad y ante la sociedad en su conjunto y por otra parte porque permite una interacción mucho más fluida y efectiva con las otras áreas de gobierno. Y esto hemos tratado de usarlo efectivamente para proyectos interministeriales. Confiamos en que este es un cambio irreversible, y que ya va a ser muy difícil volver al tipo de ciencia que se hacía antes.

- ¿Qué opinión te merece que ciertos países tengan Ministerios de Tecnología, y no de Ciencia y Tecnología? ¿En qué medida la Ciencia y la Tecnología deben seguir siendo consideradas como un todo?

- Creo que hay un continuo entre la creación de conocimiento a nivel teórico y su conversión en tecnologías que tienen aplicación. Esto se ve prácticamente en todo lo que tenemos en cuanto a la producción de medicamentos, a la construcción de satélites.... todo viene predicho de un conocimiento que originalmente fue motivado por la curiosidad más que por la inminente aplicación. Y la tecnología tiene una vida corta si no se innova continuamente, y para innovar continuamente hay que nutrirse de nuevos conocimientos. Entonces creo que esta lógica de tener una injerencia sobre todas las etapas del conocimiento inicial, hasta la llegada a la producción de un bien o servicio que llega a la gente es eficiente. Hay áreas como el agro que tienen instituciones solamente tecnológicas, y hay áreas como la industria que tienen el INTI. Yo creo que el INTA ha tenido una importante tarea de extensión de transmisión de conocimiento, pero solo en forma más reciente adquiere la tarea de generación de nuevo conocimiento. Lo mismo ocurre con el INTI, que pasó de ser una institución pensada para hacer desarrollos innovadores que nucleen a la industria, a una situación actual que es fundamentalmente de servicios para el sector de las pymes, que no ha generado nuevos conocimientos salvo nuevas iniciativas como es el plan de producción de microcircuitos que comenzó con financiamiento que provino de aquí, de la Agencia. Todas las instituciones se están agiornando. Un caso distinto es el de la CNEA, que siempre ha mantenido un nivel de investigación básica importante, pero que al mismo tiempo hizo desarrollos tecnológicos que se ven, y que contribuyen a la diversificación energética del país. Entonces, creo que es conveniente tener todas estas áreas bajo la misma administración, porque nos permite articular mejor y hacer un uso más eficiente de los recursos.

- ¿Cómo te sentís como político, luego de 12 años de gestión comenzando en la Agencia?

- Siempre dije que en particular ser químico es una ventaja, porque uno aprende a manipular sustancias potencialmente nocivas con fines útiles, y de eso se tata muchas veces la política (risas). Desde el año 84, cuando volví al país, tuve una actividad gremial importante en el ámbito de la ciencia. Fui presidente de la Asociación del Personal del CONICET, o sea que la problemática del sistema la vengo pensando desde hace 30 años, y eso también sirve para determinar objetivos. Creo en la necesidad de un componente más técnico en la gestión de las políticas. Creo que, si bien es necesario un nivel superior de definiciones del largo plazo y de habilidad de interactuar con distintos actores de la política nacional, por debajo de eso se necesita fundamentalmente gente idónea para llevar adelante los proyecto. Creo que hay que tener una visión más ingenieril. No es de extrañar que China, que es el país que está creciendo con mayor velocidad, y a pesar de sus problemas demográficos, tiene la más alta participación de ingenieros en la administración pública. Creo que eso es realmente un diferencial al cual deberíamos aspirar.

- En un año electoral como este, se puede pensar en una posible nueva etapa del Ministerio. ¿Cómo debería ser esa nueva etapa, posterior a la inical, para continuar el camino que se ha hecho?

- Creo que en esta primera etapa se fortaleció el sistema, se fijaron lineamientos a través del Plan Argentina Innovadora 2020, y se consiguió el financiamiento para una cantidad de proyectos estratégicos, para los cuales existían ofertas en el país. O sea que ya había una oferta de cómo llevar adelante esos proyectos por actores público privados de distinta índole. Para esa área de proyectos lo que hay que hacer es darles la plata y controlar que se hagan. Pero hay todo un grupo de actividades para las cuales no hay una oferta estructurada. Cadenas productivas que no tienen la envergadura que deberían, por ejemplo la agricultura, la producción de alimentos gourmet para mercados de exportación, iniciativas que son hoy por hoy muy puntuales. O por pensar otro caso, la producción de insumos médicos de alta calidad estructurados como una actividad central. Y lo que vemos es que para esos proyectos es necesario que avance un paso más. Más allá de dar información y financiamiento, tiene que aportar gerenciamiento, porque los actores no están estructurados, no están organizados. Y porque hay problemas de distintas índoles que tienen que ser solucionados, en muchos casos modificando reglamentación del Estado. Entonces, para que un productor de azafrán de La Rioja pueda exportar a Europa tienen que ocurrir una serie de cosas que hoy por hoy ningún actor individualmente puede llevar adelante. Creo que una siguiente etapa tiene que avocarse a estructurar y poner en marcha estos grandes proyectos que fundamentalmente van a tener impacto positivo en la creación de trabajo de calidad. Si ves el sector del software, de maquinaria agrícola, podés aportarle financiamiento, y serán innovadores, pero no van a triplicar el número de personas en el corto plazo. Lo que van a ser es más competitivos, van a ganar más, y van a emplear más gente, pero en forma incremental. En cambio si desarrollas la agricultura como cadena productiva, y menciono esto porque la argentina tiene dos récord Guinness: es el país con mayor potencial para el desarrollo de la agricultura y el que menos ha hecho. Entonces tenemos un horizonte de crecimiento muy grande. Podríamos eventualmente generar trabajo para decenas de miles de personas. Hay una cantidad de cadenas productivas que no superan un nivel muy básico de desarrollo, y que necesitan que el Estado las incentive a través de proyectos de ley, de estructuras fiscales, instrumentos de promoción, formación de recursos humanos específicos. Creo que eso es lo que falta. El resto es monitorear el avance de lo que hemos planteado como objetivo. Eso ya va casi en automático. Esto otro exige cambiar la estructura del Ministerio, incluyendo al CONICET. Estamos pensando en que el CONICET asuma este rol de ejecutor de proyectos tecnológicos. La idea es tratar de reproducir esto en otras áreas, como la biotecnología vegetal, nuevos materiales, ingeniería médica, alimentos con valor agregado, en los que podemos generar un fenómeno similar. Podemos generar desde lo público una primera actividad para que aparezcan los socios privados.

- Genera optimismo la visión de impulsar nuevas cadenas productivas...

- Lo que hay que tener es audacia y voluntad, y la audacia es algo que no siempre se valora, y es esencial para producir cambios trascendentales. Nosotros, si para algunas cosas que hemos encarado hubiéramos tenido la aprobación unánime, el presupuesto asegurado, no hubiéramos hecho nada, porque todo es muy incierto cuando las cosas empiezan, uno no sabe cómo van a salir. Y tal vez eso es algo que uno adquiere de la ciencia, cuando uno empieza no tiene en claro si va a salir bien o mal, pero está muy entrenado para que las cosas no salgan y no tiene miedo al fracaso. Creo que el país tiene todas las condiciones en el largo plazo para ser desarrollado como cualquier país europeo, antes de la crisis. Porque somos pocos, porque podemos dar educación universitaria de alto nivel a todo el que quiera recibirla, porque tenemos una producción basal de alimentos muy robusta, porque la demanda de alimentos no va a disminuir, sino que se va a incrementar de forma exponencial, por la capacidad de tener autoabastecimiento en materia de energía. Tenemos objetivamente una cantidad de condiciones, que las cosas no pueden salir mal. Sólo que hay que ponerse a trabajar desde ahora. Así como tenemos en claro que las condiciones objetivas para un desarrollo equilibrado y permanente del país están dadas, también tengo en claro que si no hay actores adecuados esta oportunidad no se va a aprovechar.

- Una vez dijiste que la Ciencia y la Tecnología definen la economía de una nación. Recientemente el embajador de la República de Corea contaba en el ministerio cómo el país se enfocó en Ciencia y Tecnología y cambió su estructura productiva. ¿En qué medida podemos sentir que la Ciencia y la Tecnología definirán nuestro modelo productivo?

- Sigo pensando lo mismo, la ciencia y la tecnología definen hoy por hoy la economía de un país. Esto que se denomina la economía basada en el conocimiento. Los países que tienen mayor PBI per cápita y mejor distribución del PBI no tienen recursos naturales, sino que tienen alta tecnología. Podemos hablar de Dinamarca o de Corea. Si hace 40 años en Corea hubiesen pensado somos buenos en producir arroz, y si hubiera apostado a eso, hubieran producido dos veces más arroz, y con eso no se hubiera movido el amperímetro en términos de la calidad de vida de su gente. Lo que tuvieron es un acto de audacia, de nuevo, y decidieron apostar al hardware, y pusieron mucha plata. Y la velocidad depende de cuánta plata uno pone. Tampoco esto es casual en Corea, porque tiene una fuerte tradición de apostar al conocimiento. Cuando estuve ahí aprendí que el idioma coreano está diseñado para facilitar el aprendizaje. En algún momento, alguien decidió en Corea que con el chino era muy difícil enseñar, y diseñaron un idioma distinto. Son siglos de pensar que la enseñanza es importante y que hay que apostar a eso. Creo que estamos viendo el incremento en lo que las empresas dedican a investigación y desarrollo, y creo que esto se va a ver en las próximas encuestas. Hay industrias tecnológicas que han incrementado sus ventas, el sector del software es el más evidente pero también la industria farmacéutica, y el agro, que también ha tenido una importante contribución tecnológica. Me parece que tenemos pruebas suficientes como para sostener esta idea de que tarde o temprano el conocimiento va a ser el que motorice el crecimiento de argentina.


Más información: www.mincyt.gob.ar.