Sin duda, los polos tecnológicos constituyen una de las maneras más refinadas de asociatividad empresaria y académica. La sinergia que es posible lograr partiendo de las investigaciones o desarrollos de unos, convertidas en suministros para ser incorporados por los restantes, hace que la suma del todo sea mucho más que la que se lograría con cada una de las partes por separado. Los complejos siderúrgicos o petroquímicos se conforman de esta manera, como una forma de ganar en complejidad y competitividad.
El mundo ligado a las tecnologías de la información por naturaleza tiende a estructurarse de esta manera. Nadie puede por sí solo cubrir todos los aspectos. Por el contrario, son decenas (o cientos) de participantes los necesarios para obtener una solución.
Es interesante ver las experiencias que se están realizando en Argentina, que aún desde aproximaciones diferentes, van mostrando algunos resultados atractivos.
Estos polos o clusters se integran de diversas maneras: por organizaciones que los convocan -impulsadas por sectores empresariales, académicos o gubernamentales-; o por integraciones virtuales, fruto de asociaciones no formales (el Silicon Valey es el mejor ejemplo); o aún en la forma de “socios de negocios” que aplican grandes empresas. En todos los casos el objetivo es el mismo: lograr un importante grado de integración.
Los Polos que han ganado nombre en nuestro país lo han hecho desde algunas de estas aproximaciones. Son experiencias aún en evolución. Se necesita de muchos años de continuidad, apoyo y seguimiento, para consolidar un polo exitoso. El aumento del grado de asociatividad empresarial y el encuentro creciente entre académicos y empresarios, permite predecir que en el futuro veremos crecer esta tendencia.
Sin embargo, aún quedan materias pendientes por resolver. Una, es la búsqueda de la excelencia en alguna tecnología o disciplina o área de negocio específica, en la que cada polo debería enfocarse. Poner el foco y sumar esfuerzos en ser los mejores, ayudará a que el conjunto crezca, sea reconocido y aumente su capacidad de contribución. Otra, es una participación activa, más allá del acompañamiento tecnológico, de las grandes empresas internacionales del sector. Su incorporación de pleno, haría que no solo los miembros puedan ser usuarios de sus tecnologías, sino que contribuyan en mejorar éstas. Y finalmente enfatizar el rol integrador de los polos.
Aún hoy, la contribución de los polos no tiene la participación relevante que podría tener en la economía digital en nuestro país. Pero todo indica que esto irá cambiando muy aceleradamente.