Un chip en la ropa, el último grito del control

Un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) acaba de presentar el Petochip, un pequeño procesador que se comunica por radiofrecuencia con un centro de mando y se puede usar para controlar los movimientos de las personas. Desde bebés, hasta maridos escurridizos, esta tecnología se presenta como una posibilidad de seguimientos personales e incluso ya se están probando nuevas formas de energía que usan el cuerpo humano como batería

Un grupo de investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC) diseñó un sistema microelectrónico que permite a profesores controlar a los niños a distancia mediante un microchip. Con este sistema, denominado Petochip, el profesor puede saber cuándo un niño sale de su ámbito de control, gracias a un mando a distancia que controla unos dispositivos situados en las batas de los niños.

Las posibilidades que abre este nuevo tipo de tecnología -que implica el seguimiento por radiofrecuencia de un chip- sería una buena salida para que maridos celosos, padres preocupados, novios o cualquiera pueda controlar a otra persona.

El dispositivo es muy pequeño, está pensado para camuflarse en alguna que otra prenda de vestir y fue diseñado por un grupo de investigadores de la UPC junto a la empresa textil Rosselló i Almirall. Actualmente se encuentra en la fase previa a su industrialización pero podría comercializarse a lo largo de este año.

Además de este diseño, los investigadores trabajan en otros proyectos de microelectrónica y según ellos el futuro está en dispositivos muy pequeños y ligeros que, ubicados en cualquier objeto cotidiano, sean capaces de procesar datos y comunicarse con su entorno próximo a través de radiofrecuencia, y en grandes distancias, que pueden abarcar todo el mundo.

Uno de los grandes problemas de la electrónica moderna es la energía; es decir, aparatos como relojes, agendas electrónicas, calculadoras o teléfonos móviles funcionan con baterías que exigen una recarga periódica. En este sentido, la microelectrónica ya ha planteado la posibilidad de que estos aparatos se alimenten con la energía generada por el propio usuario. Así, un reloj podría funcionar gracias a la cinética de la mano o de un cuerpo que camina.