Juan Martín Becerra es operario, gana 750 pesos por mes y con su último sueldo lo primero que hizo fue comprarse un celular con pantalla color y cámara digital que ofrece el mercado local. "Mi hijita está creciendo y yo quiero tener fotos con ella. Mi novia me estaba volviendo loco para que lo tenga", exagera en tono bromista mientras recuerda que el mes que viene tendrá que "ajustarse los gastos" para llegar a fin de mes.
Becerra tiene 27 años y una beba que está por cumplir tres años (Malena). Vive con su novia en la casa de los padres de ella que son quienes cuidan a su hija mientras ellos trabajan. Juan Martín es operario de una fábrica y reconoce que gastó mucha plata en comprar el celular, pero no niega que hoy en día, "para muchos ciudadanos es una verdadera necesidad a la que sólo algunos pueden acceder".
Sin embargo, la brecha digital - diferencia entre aquellos que tienen acceso a las tecnologías y los que no- es un fenómeno bastante fácil de medir. Para la Asociación latinoamericana de integración (ALADI), organismo que agrupa a 12 países del continente entre los que se encuentra la Argentina, el estudio de la disparidad de acceso tecnológico implica un análisis bastante más profundo.
"Cuantifica la diferencia existente entre países, sectores y personas que tienen acceso a los instrumentos y herramientas de la información y la capacidad de utilizarlos y aquellos que no lo tienen", explica el estudio realizado por esa organización que busca entender el impacto de la brecha digital en la región. Así, el ALADI ve a la brecha digital como la diferencia existente en el grado de masificación de uso de las TICs (tecnologías de la información y comunicación) entre países. Esta suele medirse en términos de la densidad en la penetración de telefonía, computadoras, y acceso a los servicios Internet, entre otras variables.
Para Becerra y su novia posiblemente esas definiciones no sean más que datos estadísticos de una realidad que ellos ven desde otro lado y está vinculada con el crecimiento de ciertas tecnologías que mitigan la brecha digital en la argentina. Estas son: el crecimiento sin precedentes de la penetración celular entre los Argentinos, la duplicación en un año de los accesos de banda ancha y el aumento de la cobertura de Internet en zonas no urbanas gracias a las tecnologías inalámbricas.
De hecho, la reducción de la brecha parece no ser sólo un fenómeno a nivel nacional. El Banco Mundial (BM) publicó recientemente un informe que revela que los servicios de telecomunicaciones en los países más desfavorecidos están creciendo de forma "explosiva". Esto favorecería a que la distancia entre los países más tecnificados y los que aún no disfrutan de altos niveles de penetración tecnológica se está reduciendo velozmente.
Los datos se desprenden de un estudio que realizó la entidad financiera basado en indicadores estadísticos -muchas veces no representativos- que aseguran que la mitad de la población mundial tiene acceso a una línea telefónica fija, mientras que el 77 por ciento accede a los servicios de las redes de telefonía móvil.
Estos datos sobrepasarían las proyecciones que se postularon sobre el futuro digital del mundo en el último foro realizado por la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) en Ginebra, Suiza, donde a fines de 2003, 175 países del mundo se comprometieron a llevar una conexión telefónica a cada hogar del mundo.
Para lograr ese objetivo, los países acordaron emplear 300 mil millones de dólares para luchar contra la disparidad de accesos tecnológicos en los países menos desarrollados. Y fue en el marco de la primera fase de la CMSI donde se declararon los principios generales de la cumbre y se realizó un plan de acción. La segunda etapa se llevará a cabo en noviembre de este año en Túnez bajo la supervisión de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), el organismo especializado en tecnologías de la información dependiente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En la Argentina algunos datos indican que la disparidad de accesos también se está reduciendo. Durante todo 2004, la cantidad de teléfonos celulares casi se duplicó logrando que a principios de este año haya unos 15 millones de equipos funcionando. Esto último implica una penetración del 40 por ciento y se espera que para fines de 2005, haya en total unos 18 millones de teléfonos móviles, según estimaciones de la consultora especializada en tecnologías Prince & Cooke.
Si estas proyecciones se logran, más de la mitad de los argentinos tendrán su celular, dato que resulta llamativo si se tiene en cuenta que la mitad de la población se encuentra bajo la línea de la pobreza según en Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec).
Otra de las variables que hacen pensar que la brecha digital está disminuyendo se relaciona con el avance de conexiones de Internet inalámbrica gracias a tecnologías como WiMax que permite que en la actualidad, casi todo el territorio de la Capital Federal cuente con la posibilidad de acceder a la red de redes desde casi cualquier lugar. Los actuales altos costos de conexión (unos 50 dólares) para el usuario medio irán disminuyendo con el paso de los meses según expresaron los responsables de Ertach, una de las empresas que impulsa este tipo de servicios. "Lo más destacable de WiMAx es que pude llevar Internet a zonas no urbanizadas que hoy no tienen acceso. Esperamos que para 2008 todo el territorio Argentino cuente con conectividad", subrayaron los voceros.
El Indec realizó en marzo un informe sobre el acceso a Internet en Argentina donde sostuvo que la Red es una de las principales fuentes de información de la sociedad moderna. Allí aseguraban que la Red se ha convertido en un vehículo fundamental para el mundo de los negocios. El dato más importante que se desprendía del estudio era que los hogares con banda ancha habían crecido un 102,1 por ciento entre diciembre de 2003 y el mismo período de 2004. En un año los accesos se habían duplicado. Hoy los especialistas aseguran que ya se han duplicado nuevamente en relación al mismo periodo de 2004. Es decir, cada seis meses, la penetración de conexiones de alta velocidad crece al doble en la Argentina.
De todos modos, el problema de la brecha digital no sólo se reduce a los niveles en los que las tecnologías penetran en la sociedad. Para Silvia Bidart, especialista en tecnologías de la información y asesora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) es relativo según desde donde se lo enfoque: "La primer falencia que veo es ver a la brecha como capacidad de acceso y cantidad de personas que se conectan a Internet. Es una mirada parcial", denuncia la especialista que cree que hay que tomar una posición equidistante para ver la raíz del tema. "Todos ven a la brecha como un problema infraestructural, pero para mí ese no es el punto primordial", explicó.
Para ella el punto fundamental es la búsqueda de tecnologías que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos. "Tienen que respetar a los habitantes, a sus identidades, a sus aspectos culturales y comunicativos. "Deben generar conocimiento", reclama Bidart que hace seis años investiga las formas de disminuir la brecha que– filosóficamente hablando- no deja de ser una utopía para la especialista.
En la Argentina -explica- la lucha por destruirla empieza a convertirse poco a poco en un problema de estado. Aunque las políticas que está llevando a cabo el Gobierno desde varios lugares estén desarticuladas y no cuentan con responsables idóneos. "Tanto la Subsecretaría de Ingresos Públicos, como los Ministerios de Economía (con el Plan Mi PC) y de Educación (ver Filmus: "Las empresas deberían reducir los costos de conectividad para las escuelas") buscan soluciones, pero mientras no se unan el sector público, privado y el civil -desde las ONGs- es imposible pensar una estrategia a nivel nacional", explicó.
Para Andrés López, economista especializado en TICs del Centro de Investigaciones para la Transformación (Cenit), esta estrategia que conjuga el sector privado, académico, gubernamental y civil debe ir acompañada de una enseñanza correcta en cuanto al uso de las tecnologías de la información. "Si el día de mañana el Estado le diera una PC a cada habitante, no podríamos decir que se cerró la brecha digital ya que no sabríamos para qué se usaron esas computadoras", aclaró.
López destaca el hecho de que la brecha digital se relaciona también con el acceso al conocimiento y no a la información en sí. Mitigarla debería implicar que se generen tecnologías para su uso correcto y que éstas faciliten un buen aprovechamiento de la educación. "Yo no quiero que todos tengan computadoras para que en ves de estudiar pierdan el tiempo chateando", sintetizó el economista buscando sembrar la polémica.
Para la asesora del BID, la Argentina está avanzando en la lucha contra la brecha y lo está logrando ya que posee condiciones sumamente favorables frente a otros países del planeta donde las diferencias en cuanto al idioma, la religión, o a la distribución de las riquezas son un "problema mucho mayor".
Por eso cree que la tarea fundamental a lograr como comunidad es fortalecer las instituciones que son la verdadera brecha digital. "Así como Doña Rosa se animó a agarrar el mouse de la PC y de un día para otro aprendió a usar la tarjeta de débti luego del corralito, podremos aprender a incluirnos tecnológicamente", dijo.
Por más que se esté logrando apagar el fuego de la ignorancia técnica y muchos actores ya estén hablando de la necesidad de políticas de inclusión que subrayen el uso de las futuras tecnologías, la gran pregunta es: ¿para qué sirve que un país se tecnifique? "Para que la sociedad entera evolucione", destaca Bidart mientras reconoce soñar con un mundo más equitativo. Cuando eso pase, quizás la familia Becerra no tenga la necesidad de sacarse fotos con el último modelo de celular que hay en el mercado y piense en un porvenir más alejado de los pixeles, los bits, las ondas de radio o los ringtones.