Elecciones en la República de Internet 2.0
26 de Abril de 2011La creciente participación política en el país imprime de un carácter particular a la campaña electoral en la Red, diferenciándola de otros casos a nivel mundial. Si bien se reproducen muchos de los mecanismos y estrategias ya utilizados por políticos como Obama, el carácter particular de nuestro caso está dado por la impronta de la masiva cibermilitancia que todos los partidos despliegan en la Web. Por Agustín Calcagno
Luego de décadas de apatía, desencanto, frustración y debilitamiento de los partidos, la política volvió a formar parte de la vida cotidiana de los argentinos. Los acontecimientos de 2001 evidenciaron el inalienable poder popular, a la par que alertaron a la clase dirigente acerca de la necesidad de un cambio urgente en la relación entre representantes y representados.
El Kirchnerismo supo interpretar en gran medida esta necesidad y devolvió a la política a su status tradicional, generando un sinnúmero de episodios, como la puja por las Retenciones Móviles, la Ley de Comunicación Audiovisual o el Matrimonio Igualitario, que impulsaron la discusión e incentivaron una gran participación en las calles, tanto a favor como en contra. El espacio público volvió así a recobrar su valor democrático. Pero a diferencia de épocas pasadas, hoy existe un nuevo espacio virtual en el cual esas fuerzas se despliegan con la misma intensidad que en el mundo material.
Según IWS, la penetración de Internet en Argentina es de un 64.4%, superando por veinte puntos al promedio regional, y convirtiendo a Internet en una de las más importante áreas hacia la cual dirigir la atención en la próxima campaña presidencial de octubre. Basta pensar en que la población total de la Provincia de Buenos Aires representa solamente a la mitad de los usuarios de Internet en el país para entender su verdadera magnitud. Del mismo modo, si tomamos en cuenta que el sitio más visitado del país es Facebook, estamos obligados a poner el foco sobre las redes sociales a la hora de comprender el escenario electoral.
| "Las redes sociales brindan la posibilidad de intervenir directamente en el desarrollo de una campaña electoral". |
A diferencia de otras herramientas en Internet, las redes sociales no sólo tienen la particularidad de permitir una gran interacción entre los candidatos y sus electores, sino que también brindan la posibilidad de intervenir directamente en el desarrollo de la campaña.
Como señala Sebastián Lorenzo desde el PJ Digital, “en las redes sociales se produce una gran personalización de las consignas” dado que cada cual puede agregarle sus ideas e imágenes. De este modo, una consigna general se focaliza casi automáticamente según quien la reproduzca, y así tiene la posibilidad de llegar a lugares a los que ni el más hábil experto en marketing puede aspirar.
| Agustín Calcagno es politólogo, periodista y blogger. Se desempeña como docente en la Materia Política Latinoamericana de la UBA a cargo de Mario Toer y coordina los grupos de trabajo sobre medios de comunicación latinoamericanos. Escribe sobre cultura, política y tecnología para diversos medios tanto latinoamericanos como extranjeros. |
Asimismo, el creciente grado de penetración de los dispositivos móviles con acceso a Internet, brinda la posibilidad de realizar estrategias mucho más dinámicas e instantáneas frente a los acontecimientos que se van sucediendo en el período electoral. Lo que David Ugarte llamaba “estrategia de enjambre” o swarming, caracterizada por la interacción entre grupos relativamente autónomos, no es ya un ideal, sino una práctica cotidiana que complementa desde la cibermilitancia a los asesores 2.0 que trabajan en relación directa con el equipo de campaña tradicional.
En este nuevo espacio público, en esta República de Internet 2.0, la juventud está sobre representada puesto que la mayor proporción de usuarios se encuentra entre los 15 y los 34 años. Por este motivo, resulta fundamental que la relación entre los jóvenes de los partidos y los equipos de campaña sea particularmente fluida si se quiere llegar a buen puerto en el desarrollo de las estrategias 2.0. Sin embargo, no debemos perder de vista que el fracaso o el éxito electoral nunca es monocausal, y que por más que la campaña tradicional o 2.0 conste de una consistente estrategia, de buenos cuadros y asesores, y de una militancia comprometida, lo que termina por definir el voto sigue siendo algo que permanece en un territorio saludablemente opaco, inaprensible e imposible de replicar.












