El error de tratar de amordazar a las redes sociales
16 de Agosto de 2011En medio de los disturbios en distintas regiones del mundo, los sitios Web pasaron a ocupar el centro de la escena. El primer ministro británico David Cameron, expresó su deseo de bloquear al acceso a las social networks a aquellos usuarios sospechados de participar en las revueltas londinenses. Por Silvina Moschini
En medio de una serie de disturbios en distintas regiones del mundo, las redes sociales pasaron a ocupar el centro de la escena. El primer ministro británico David Cameron, expresó recientemente su deseo de bloquear al acceso a las social networks a aquellos usuarios sospechados de participar en las revueltas londinenses.
Cómo se determinará que prácticas son consideradas peligrosas, y qué vías se utilizarán para evitar que únicamente algunos navegantes no puedan usar las plataformas, es algo que el gobierno inglés aún no logró aclarar.
Camerón explicó públicamente su preocupación respecto a la utilización de Twitter, Facebook y el mensajero de BlackBerry por parte de los manifestantes, e incluso pidió a las empresas que eliminarán los posts que consideraba como incitaciones a la violencia. Por lo pronto, la red de microbloging se negó a hacer caso a los reclamos, y desde el sitio de Mark Zuckerberg aseguraron que ya cerraron algunas páginas que consideraban inapropiadas.
En Chile, mientras estudiantes y docentes se manifiestan por las calles protestando por el alto costo de la educación universitaria, el presidente Sebastián Piñera evalúa comenzar a controlar las plataformas de sociabilidad online, ya que considera que las mismas fueron utilizadas para organizar las revueltas. Al mismo tiempo, la Policía de Nueva York anunció que creará una división especial destinada a vigilar el comportamiento de los usuarios en plataformas como Facebook, Twitter y MySpace, con el objetivo de evitar que se reproduzcan hechos similares.
Suponer que las redes sociales pueden ser, al menos en parte, responsables de este tipo de sucesos es una equivocación sumamente peligrosa y, además, expresa un desconocimiento total respecto a su naturaleza.
Bloquear, monitorear o limitar el acceso a las plataformas de sociabilidad online aduciendo motivos de “seguridad” no sólo constituye un error, sino que también se sostiene en una idea confusa sobre su funcionamiento. Culpar a Facebook, Twitter o a los sistemas de mensajería instantánea por las revueltas, sería como pretender encarcelar a un fabricante de papel porque su producto fue utilizado para construir carteles incitando a la violencia.
El peligro que anida detrás de los proyectos de control de los medios sociales consiste, básicamente, en confundir a una plataforma de comunicación con la información que circula a través de ella.
Facebook, Twitter y YouTube pueden ser utilizados para incitar a la participación o para propiciar la violencia, para enviar mensajes frívolos o para hacer circular consignas políticas. Intentar limitar su funcionamiento basándose en la mala utilización que podrían desarrollar los usuarios, sería similar a pretender cerrar las estaciones de radio porque a través de ellas podría llegar a alentarse los disturbios, algo que hoy nadie en su sano juicio sería capaz de proponer.
Suponer, entonces, que las social networks pueden llegar a tener algún tipo de responsabilidad directa en los disturbios que se desarrollan actualmente en distintos lugares del mundo, es una completa equivocación. Sin lugar a dudas, el origen de los conflictos debe ser buscado en factores sociales mucho más profundos y complejos y, definitivamente, controlar los medios sociales no sería una decisión correcta para dar fin a los conflictos.












