Mujeres en tecnología: del acceso al poder de decisión
16 de Marzo de 2026Escribe Claudia Buranits, directora de Alianzas y Ecosistemas de Argentina, Uruguay y Chile en Kyndryl
América Latina transita una transformación digital acelerada, pero lo hace con una deuda estructural: la baja participación femenina en ciencia y tecnología. En la región, las mujeres ocupan aproximadamente el 28% de los puestos en ciencia e ingeniería.
Esa brecha se refleja todos los días en las decisiones, los equipos y las oportunidades que veo en la industria. No hay recorridos únicos ni lineales para liderar en tecnología: mi camino fue de reinvención constante, pasando por áreas como Finanzas, RR.HH., Operaciones de negocio antes de llegar a liderar Alianzas Estratégicas. El mayor desafío no es que las mujeres ingresen, sino que puedan sostener y proyectar su carrera hacia roles claves y de decisión. El desafío no es solo el acceso, sino la permanencia y el ascenso a posiciones de liderazgo.
El reto es también construir trayectorias sostenibles que permitan a más mujeres llegar a áreas estratégicas de decisión como la inteligencia artificial, ciberseguridad y servicios digitales, temas clave para la competitividad, la innovación y el futuro económico de la región. En esos espacios se definen prioridades, inversiones y modelos de adopción tecnológica.
La brecha de talento se vuelve crítica si se toma en cuenta que el 87% de los líderes empresariales -según información del People’s Readiness Report- prevé que la IA transformará completamente los roles laborales en el próximo año, pero solo el 29% considera que su fuerza laboral está preparada para ese cambio. Ese desfasaje no es abstracto: se siente en los equipos y en las decisiones diarias, impactando con mayor fuerza en las mujeres.
Diversos estudios en la industria TI coinciden en algunas claves concretas para revertir esta tendencia: procesos de selección sin sesgos, programas de mentoría, políticas de flexibilidad laboral y métricas claras de diversidad vinculadas a objetivos de negocio. En otras palabras: cuando la inclusión se gestiona de la misma manera que un objetivo estratégico, los resultados aparecen. Se trata de rediseñar la cultura organizacional para que el talento femenino no solo ingrese, sino que permanezca y crezca. Esa convicción fue el pilar de mi recorrido profesional: la mentoría es una práctica cotidiana que abre puertas reales cuando se hace con compromiso.
Y eso es fundamental: trabajar sobre los referentes. La visibilidad de mujeres en roles técnicos y ejecutivos rompe estereotipos y amplía aspiraciones. Cuando una joven profesional observa a otra liderar en el sector tecnológico, entiende que ese camino es posible. Por eso elijo estar presente: moderar conversaciones, participar en paneles y compartir experiencias con otras mujeres no es un gesto simbólico, es parte de construir referentes y de abrir la puerta para que más liderazgos emerjan.
La diversidad no es únicamente una cuestión de pertenencia inclusiva. En entornos de alta complejidad tecnológica, los equipos diversos muestran mayor capacidad para innovar y resolver problemas críticos. Y en ese punto también importa cómo lideramos: el liderazgo empático no es una debilidad, sino una fortaleza para construir equipos diversos, sostener el talento y crear condiciones reales de desarrollo. En contraposición a modelos tradicionales, la empatía bien aplicada eleva el desempeño porque mejora la confianza, la colaboración y la permanencia.
Pero el cambio comienza antes del primer empleo. La escasa presencia femenina en carreras STEM amplifica la falta de profesionales en áreas clave para el desarrollo económico regional. Las alianzas estratégicas entre empresas líderes en tecnología facilitan certificaciones, becas y programas de reskilling con foco en mujeres, especialmente en inteligencia artificial y ciberseguridad, donde la demanda supera ampliamente la oferta.
En Kyndryl sostenemos que la preparación para el futuro no es solo tecnológica, sino cultural. Construir organizaciones listas para la próxima ola de innovación implica invertir en infraestructura, pero también en personas. Y eso requiere políticas activas que conviertan la diversidad en una prioridad de gestión. Dar acceso a oportunidades, promover entornos inclusivos, invertir en formación continua y establecer mecanismos de mentoría y sponsorship son claves para impulsar el liderazgo femenino.
Cerrar la brecha de género en tecnología marca la agenda de competitividad y desarrollo para América Latina. El desafío no es sumar mujeres a la industria: es garantizar que participen plenamente en las decisiones que definirán el futuro digital. Porque el futuro en tecnología, si va a ser verdaderamente transformador, tiene que construirse con todas las miradas.
(*) Claudia Buranits: directora de Alianzas y Ecosistemas de Argentina, Uruguay y Chile en Kyndryl












