¿Qué oportunidades tienen en Argentina los investigadores de TICs?
Por Pablo Comuzzi - pabloc@canal-ar.com.ar 18 de Abril de 2008El creador del primer software local de identificación de rostros afirmó que es un trabajo a "puro pulmón", donde se siente la falta de apoyo económico
La semana pasada este medio publicó un artículo sobre BH-S, el primer software de identificación de rostros desarrollado a nivel local (ver nota). El programa fue creado por Héctor Sosa, quien relató a Canal AR cómo concibió la aplicación, al tiempo que habló sobre la falta de apoyo económico para llevar adelante el proyecto.

Oriundo de La Plata, este ingeniero en sistemas de información recibido en la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) comenzó a pensar en la idea de BH-S a miles de kilómetros de Argentina. En el año 2003, obtuvo una beca del Gobierno de Alemania para estudiar en la Universidad de Bochum, ubicada al Noreste del país germano, a donde viajó con la idea de compenetrarse en el tratamiento de imágenes digitales por satélite.
A los seis meses en tierras teutonas, se enteró que dentro de la institución académica funcionaba un Instituto de Neuroinformática dedicado al tratamiento de imágenes digitales, pero orientado al reconocimiento facial. Se incorporó al equipo de investigación y comenzó a trabajar en el programa: "Tenia muchas limitaciones para implantarse en la vida real: la foto tenía que ser de un mismo tamaño, con determinada luz y color".
Ya en 2004, gracias a ese cúmulo de técnicas y conceptos tecnológicos que adquirió en el Viejo Continente, Sosa regresó al país con la idea de crear su propio sistema de reconocimiento de rostros (el BH-S).
Desarrolló la aplicación, la patentó y acercó una versión ya terminada al Programa de Incubación de Empresas de Base Tecnológica (EM-TEC): "Entendí que era un buen camino para poder acercar mi proyecto a entidades gubernamentales. Hicimos muchas presentaciones, tanto a nivel nacional como provincial, y en todos lados hubo una buena aceptación del producto, e incluso nos dijeron que lo necesitan".
Pese a la buena recepción, el investigador no entiende "por qué no se da el paso de firmar un convenio y seguir adelante con el desarrollo del software, para convertirlo en una herramienta comercial" que se implemente en los organismos que requieran su uso.
-¿En qué estado está se encuentra el software? ¿Falta desarrollarlo, o está en condiciones de ser usado?
-El sistema ya puede funcionar. El tema es que lo hice con un software de licencia libre, por lo que si surge un proyecto para procesar una base de datos, por ejemplo de 300.000 registros, hay que pasarlo a una herramienta comercial. El BH-S tiene una limitación para manejar 2.000 archivos, por lo que necesita de un administrador de bases de datos que arquitectónicamente esté preparado para soportar una mayor cantidad de registros. Pero para contar con esos productos hay que comprar las licencias y el hardware, que no son baratos.
-¿Cómo financiaste el proyecto?
-De forma personal, sin ningún tipo de aporte, ni público ni privado, utilizando software de licencias libres.
-¿Qué oportunidades hay en el país para llevar adelante un proyecto tecnológico propio?
-Tengo la experiencia de haber estado en Europa, y las diferencias con Argentina son abismales. Acá es mucho a pulmón. Me presenté en 2005 (en EM-TEC) con el proyecto terminado, y recién ahora está viendo la luz y se está difundiendo. Cuesta, no sé si es por culpa de la burocracia o la idiosincrasia argentina.
-¿Qué cosas te hicieron falta durante el proceso de desarrollo?
-Desde el vamos, un espacio físico. También me hubiera gustado incorporar formalmente gente con perfil social, tecnológico y de otras ramas, para que realmente fuera un producto íntegro. Y sobre todo el apoyo económico para estar tranquilo y dedicarle todo mi tiempo. Hoy por hoy no puedo hacerlo porque no me retribuye en ningún sentido.
-Cuando escuchas que se habla de Argentina como país exportador de software, ¿qué opinión te merece?
- Es como exportar la soja y que después nos vendan la lata del producto terminado. Es una aberración, y sobre todo si se nombra con bombos y platillos. Una hora de programación en Alemania no baja de 159 dólares, mientras que en Argentina se paga entre 10 o 20 dólares. No veo la gracia de que se desarrolle acá el producto, para luego ser exportado, y que desde el exterior se trate de incorporar a las empresas o entes gubernamentales argentinos.
Pero más allá de las dificultades estructurales que encontró en el país, rescató el valor de los RR.HH nacionales: "Hay mucha materia gris. El recurso humano argentino tiene un potencial muy grande, es innovador y no le tiene nada que envidiar a un norteamericano a un europeo".
Modus operandi del BH-S
Sosa afirmó que el programa es "muy sencillo" de usar y que incluso está pensado para usuarios que no tengan altos conocimientos de informática. El procedimiento es el siguiente: se sube al sistema una imagen, ya sea un identikit o una foto digital a color o blanco y negro, junto a las huellas digitales, se toman los puntos característicos y se guarda.
Luego, para encontrar la foto, se establece ciertos parámetros de búsqueda, el sistema hace un algoritmo y entrega una lista de candidatos. Si da como resultado muchas opciones, el programa tiene la capacidad de reducir ese número hasta 6 rostros. Al seleccionar uno, se accede a una serie de datos de la persona.
Al principio, el ingeniero platense pensaba que el área de aplicación del programa se reducía a áreas tales como seguridad, justicia, Gendarmería, pasos migratorios y fronterizos. Pero admitió que también podría usarse para el Registro Nacional de las Personas, la Dirección de Transito o en el sistema de salud: "A veces llega gente al hospital sin documentación y no se sabe cómo llegar a los familiares o quien es. En el día de mañana, a través del Ministerio de Salud, se puede llegar a hacer una base de historias clínicas".













