“La investidura está más en la mente de los demás, que en uno mismo”

Por Pablo Comuzzi - pablo.comuzzi@hotmail.com
El ministro de Ciencia y Tecnología sostuvo a Canal AR que no cambió su modo de ser, pese a que la gente que lo rodea lo trate de otro modo. Lo que sí creció fue la presión interna por obtener resultados. Uno de sus principales desafíos es mostrar que el conocimiento puede generar prosperidad en el país

En el ala derecha del segundo piso del edificio ubicado en la Avenida Córdoba 831, se encuentra el despacho del ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao. Es una oficina amplia y de considerables dimensiones, con una mesa de reuniones, un escritorio y una pequeña sala de estar. Es un ambiente sobrio, que cuenta con varios premios por su labor profesional y una biblioteca desordenada, en la que sobresalen algunos tomos del diccionario Larousse.

Lino Barañao

El Ministro se encuentra escribiendo en la computadora de su escritorio. Se levanta, toma el mate y el termo, y abandona el lugar. Regresa unos minutos más tarde –con las manos vacías- y se sienta a la cabecera de la mesa.

Aunque los medios siguen haciéndose eco de la renuncia de la ahora ex ministra de Salud Graciela Ocaña -había pasado menos de una semana de las elecciones-, Barañao sostiene a Canal AR, con tono mesurado, que los vaivenes políticos inmediatos no afectaron su labor. No obstante, reconoció que “fue una semana tensa, no sólo para los que estamos en el Gobierno, sino para la sociedad en general”, y que pasados los comicios, el clima se apacigua y se dan las condiciones para centrar toda su atención en sus labores específicas.

No se ve a si mismo como un hombre apegado a una rutina. Luego de desayunar, lee las noticias mientras viaja en auto a su trabajo, donde pasa gran parte del día. En ocasiones, durante sus labores prende la radio y sintoniza música clásica. Al volver a su casa, pasa el tiempo con sus hijos y se entretiene con músicos de jazz de la talla de Oscar Peterson y Thelonious Monk.

Antes de asumir como Ministro de Ciencia y Tecnología, el 10 de diciembre de 2007, este doctor en Ciencias Químicas recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA) se desempeñó durante 4 años como presidente de la Agencia de Promoción Científica y Tecnológica. Pese a que se acostumbró a estar lejos de un laboratorio, sus lazos con el mundo académico siguen vigentes, ya que continúa dando clases en la Facultad de Ciencias Exactas.

Desde que tomó el cargo, Barañao tiene la sensación de que hubo un cambio alrededor suyo: “La gente me trata distinto. La investidura está más en la mente de los demás, que en uno mismo”. En realidad, lo que sí aumentó fue el desafío que tiene por delante. “Al tener más capacidad de gestionar cosas, se siente un incremento en la presión interna por obtener resultados. Al haber menos limitaciones, hay menos gente a la que echarle la culpa”.

- ¿Qué cambios observó en la gente a su alrededor?

- (Risas) Hace poco, mi hija me presentó a un amigo suyo que estaba en casa, que después le dijo: Tu papá es imponente. Después, ella me preguntó: ¿La gente ve en vos cosas que nosotros no? Creo que esa anécdota refleja parte de la realidad. Yo no cambié, pero la gente piensa que un ministro es alguien distinto, imbuido de un poder particular.

En el organismo que preside rige un espíritu de horizontalidad a la hora de tomar una decisión. El gabinete se reúne semanalmente, y todo el mundo opina y plantea su postura. “En ciencia no existe ese principio de autoridad y estructura piramidal, sino que se discuten libremente las ideas, y se acepta la que resulta mas lógica. Muchas de las personas que ocupan cargos jerárquicos vienen del ambiente científico, lo que nos diferencia de otras áreas de Gobierno”.

Entra una de sus asistentes con el mate y el termo con agua caliente. Prepara el primero, sin azúcar.

- ¿Sigue pensando que la designación como Ministro fue un “castigo divino”?

- Puede ser esa versión o la que dice: Hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque se puede hacer realidad. Buscar o anhelar algo durante mucho tiempo conlleva el riesgo de que ocurra, y uno tiene que estar a la altura de las circunstancias. De alguna forma, el nombramiento es la culminación de un proceso que me llevó mucho tiempo, que comenzó cuando volví al país en 1984 y empecé a militar en la defensa del sistema de Ciencia y Tecnología.

El paso del tiempo lo ayudó a ser más tolerante. En los albores del retorno de la democracia, estaba ansioso por incitar profundas modificaciones. Recuerda que en la misma oficina donde hoy trabaja, discutió con el por entonces secretario de Ciencia y Tecnología, Manuel Sadosky, y le planteó que quería aumentar el presupuesto y hacer cambios trascendentales en el sistema.

“En cambio, lo que más le preocupaba a él era la democratización y que los exiliados pudieran regresar al país. Eran otras prioridades, que me parecían valiosas pero no suficientes. Con el tiempo, me di cuenta que fue lo correcto, que esa era la prioridad y no se podía hacer mucho más. Pero también hubo otros períodos y secretarios que creo que perdieron tiempo valioso”, afirma.

- ¿Cuáles son sus prioridades hoy en día?

- Mostrar que se puede generar prosperidad a partir del conocimiento de un país, que esa inversión que la sociedad hizo durante bastante tiempo puede fructificar en resultados concretos, y lograr que esto se convierta en una política de Estado. Que no sean iniciativas que nacen y mueren con el cambio de un Gobierno. La inversión en Ciencia y Tecnologia requiere muchos años para llegar a resultados concretos y cuantificables. El desafió es probar que se puede crear una nueva matriz productiva a partir del conocimiento.

Al hacer un balance del año y medio de gestión al frente de esta cartera, destaca como principales logros la creación de una estructura que no existía, y haber obtenido el reconocimiento de instituciones con más de medio siglo de vida. “Aparecer de repente, como una entidad que buscaba coordinar las acciones de todos, fue visto con ciertas prevenciones, que se fueron desactivando”.

Además, hace hincapié en que comenzaron a formular una serie de prioridades, que van a constituir el plan de acción a mediano y largo plazo. “Era una tarea pendiente porque históricamente se habían delineado propuestas muy amplias y abarcativas. Había presupuestos exiguos y grandes planes. En cambio, introdujimos una nueva lógica: Nuestras propuestas políticas están basadas en programas que tienen un financiamiento”.

- ¿Qué interpretación hace del proyecto de Ley para imponer una recarga fiscal a diversos productos electrónicos?

- Hay un sector que aduce que esta carga impositiva va a encarecer los productos, y los potenciales beneficiarios de la Ley sostienen que la industria nacional está en condiciones de proveer todos estos productos a un costo inferior al actual. Es un tema complejo, hay que escuchar a todos los actores. El hecho de que se importen todas las partes y haya un operario que simplemente arma una computadora, no me indica que haya un desarrollo de la industria de hardware local.

Llegó la hora de pensar otro modelo universitario

Uno de los mayores desafíos que tiene por delante es fomentar una mayor fluidez entre el mundo académico y el empresarial, una relación marcada por las fricciones y los malos entendidos. “Ni la universidad puede asumirse como empresa, ni la empresa puede hacer investigación de punta. Tienen que asumir que son entidades con lógicas distintas, y tiene que haber un respeto mutuo entre ambas”.

El funcionario también demandó que en las casas de estudio se discuta qué tipo de profesionales se están formando y qué tipo de orientación tienen las carreras. “La universidad pública esta respondiendo a una lógica de mercado, atendiendo a los jóvenes de clase media que aspiran a tener un titulo. No se tiene en cuenta que está financiada por un conjunto más grande de la sociedad, que no tiene acceso a ese beneficio”.

En ese sentido, planteó que debe repensarse la orientación curricular y la longitud de las carreras. “No tiene sentido que sean excesivamente largas, sobre todo las ingenierías. Hay que tener un ingeniero que tenga manejo matemática y las disciplinas esenciales. Si es necesario, hay que proveerle concursos de postgrados gratuitos. Que no tengan que pasar 8 años estudiando, sino 4 ó 5, que se inserten en el mundo laboral y continúen su formación”.