Los nuevos transistores de Intel Tri-Gate

La compañía anunció la creación de estos equipos, que se corresponden con la la afamada Ley de Moore. Un dato que no tiene que pasar inadvertido: Moore fue co-founder de Intel. Por Pedro Méndez

Intel anunció hace poco la creación de un nuevo tipo de transistores llamados Tri-Gate. La innovación es interesante y sin duda se corresponde con la afamada Ley de Moore. Un dato que no tiene que pasar inadvertido: Moore fue co-founder de Intel.

Otro dato que no convendría obviar tiene que ver con las predicciones sobre los nuevos avances que presentará Intel en los próximos 4 años. En una industria tan volátil el hecho de saber con exactitud las próximas fronteras que superarán los ubica en una posición estratégica. Y dejan en claro que estos “nuevos” avances no serán tan “nuevos” cuando alcancen al mercado. No son “nuevos” desde hace bastante tiempo.

Para el grupo de los privilegiados (llamémoslo grupo GarK) el espacio nunca representó un problema. Los ejércitos de los países centrales cuentan con espacios ociosos en los que pueden apilar miles de transistores sin preocuparse por el lugar que ocupen.

No es de extrañar que cualquier avance tecnológico llegue al grupo GarK con unos 10 años de anticipación frente al resto de los mortales. La nanotecnología es un negocio más difícil. Si bien su alcance es mayor, los compradores de nanotecnología estamos totalmente desconcentrados y nuestra capacidad de compra es mínima si contabilizamos la incidencia de cada individuo en los márgenes totales de las ventas. En cambio los integrantes del grupo GarK son pocos y pagan mucho.

Acá se evidencia una de las contradicciones a las que se enfrentan los grandes gobiernos. Democratizar la tecnología (repito: la nanotecnología es democrática) implica perder la exclusividad de su uso. Esto está dado porque sólo ellos pueden utilizar espacios gigantescos (hablo de hectáreas de procesamiento de datos) sin que implique un gasto casi imposible de afrontar. Pero todo gobierno democrático debería querer que los habitantes de su territorio accedan a la mayor cantidad de tecnología posible al mejor precio posible. La brecha tecnológica preocupa a todos.

Entonces el fomento de la nanotecnología termina siendo errático y depende de la buena voluntad de algunos más que de un plan sistemático. Me extraña que ante esta contradicción que existe al igual que muchas otras, la sociedad civil todavía no haya creado los anticuerpos necesarios, anticuerpos que vemos en otros ámbitos: me refiero a las ONG’s.

La nanotecnología debe ser defendida, fomentada e incluso financiada, en parte, por ONG’s. Dado que los principales beneficiados por sus mejoras somos los integrantes de la sociedad civil, que siempre tenemos problemas de espacio, somos nosotros los que mediante agrupaciones ad hoc deberíamos alzar la voz.


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