La productividad no sólo es un problema de producción

Debe ser analizada con una mirada amplia y sistémica. Un primer paso crucial es definir un índice de productividad apropiado para la compañía ya que determinará la efectividad de todos los pasos posteriores. Por Marcos Fontela

Hace unos años, una empresa de outsourcing de servicios me convocó para comentarme el motivo de su preocupación: la productividad de la compañía -entendida como facturación por empleado- era un quinto de la que presentaban sus competidores de la India. Hoy, un lustro más tarde, este mismo índice duplica la productividad de sus competidores indios (que a su vez, la incrementaron).

La productividad por empleado de la empresa en cuestión aumentó cerca de 15 veces en el transcurso de poco tiempo. Esta historia es una muestra clara de que la productividad tiene límites que normalmente se ubican muy por encima de la imaginación de los propios emprendedores.

En el caso de la empresa mencionada, el recurso que se estaba volviendo escaso era el trabajador: en consecuencia, interesaba particularmente medir la productividad por empleado.

Sin embargo, las hay de diferentes clases: producción por capital invertido, facturación por local o por máquina, etc. Y detectar cuál es el índice de productividad más apropiado para cada realidad, no es un paso menor: es parte del proceso esencial de planeamiento de toda compañía y entendimiento del propio negocio.

Otro punto a entender es que la productividad de un recurso depende de la dotación de otros. Por ejemplo, es sabido que la producción de autos por trabajador de la industria argentina es menor que la japonesa; pero también es cierto que la dotación de capital (la inversión por empleado) es mucho mayor en Japón que en Argentina. Por lo tanto, que un índice de productividad no sea el que necesitamos, no necesariamente señala un problema con ese factor: lo habitual es que los desafíos se presenten en otros factores.

Marcos Fontela es especialista en optimización de resultados de negocios y aceleración del crecimiento de empresas. Trabajó en áreas financieras, tecnológicas, comerciales, de recursos humanos, formación, desarrollo de negocios y alianzas. Su experiencia abarca grandes multinacionales, compañías de alcance nacional, PyMEs y start ups. Blog: http://marcosfontela.wordpress.com

Pero el factor que más habitualmente motiva la falta de productividad, es el diseño organizacional. Es decir, los propios emprendedores y su concepción del negocio.

Por eso, normalmente les pido a los emprendedores que se cuestionen algunas medidas que no son estrictamente productivas:
  • ¿Es la cartera de productos la que necesitamos para mejorar la productividad?
  • ¿Hay alguien que podría hacer alguna de las funciones que realizamos mejor que nosotros mismos? ¿Podemos subcontratar a ese alguien?
  • ¿Es la dotación de otros recursos (maquinaria, capital, etc.) la que necesitamos?
  • ¿Podemos organizarnos de manera diferente para evitar la multiplicación de los niveles jerárquicos y de control?
  • ¿Por qué no podemos hacer menos tareas y de forma más simple?
  • ¿Qué es lo que el cliente realmente nos compra? ¿Cuál es nuestro diferencial? ¿Por qué habríamos de hacer algo de todo lo demás que no es nuestro diferencial?


Conclusiones:

La productividad rara vez es sólo un “problema de producción” y debe ser analizada con una mirada amplia y sistémica.

Asimismo, definir un índice de productividad apropiado para nuestra compañía es un primer paso, que parece sencillo, pero es crucial y determina la efectividad de todos los pasos posteriores.


Más información: marcosfontela.wordpress.com.