El profesional digitalizado debe reaprender a relacionarse

Escribe David Castiglioni, Profesor de UADE Business School

Hasta el inicio de la pandemia, los profesionales trabajaban en oficinas con sus colegas de trabajo, participaban en reuniones presenciales, discusiones cara a cara y por supuesto, viajes y visitas a clientes, proveedores, etc. El progreso en la carrera de un profesional dependía en gran parte de esas relaciones personales dentro del ecosistema empresarial. Sin embargo, la irrupción del COVID-19 ha cambiado para siempre el panorama: la mayoría de los encuentros profesionales entre personas no son ni serán realizados de forma presencial.

El profesional ha sido digitalizado; el ser humano ha tecnificado todos los procesos de negocio en búsqueda de una mayor eficiencia y rentabilidad. No quedan dudas de que la pandemia aceleró este proceso de despersonalización en las relaciones cara a cara.

Para acceder a este nuevo entorno tecnológico de los negocios, las personas interactúan a través de múltiples pantallas que traducen la información a un formato visible. Además, muchos de estos dispositivos son utilizados al mismo tiempo, llevando a los profesionales al mayor multitasking conocido hasta el momento en la historia del ser humano. Según el reporte Digital 2021 de Hootsuite, los usuarios de Internet están conectados en promedio casi 7 horas diarias a Internet.

La pandemia ha sido la gran catalizadora del proceso de transformación digital de la aldea global, premonitoria definición de hace 60 años del sociólogo canadiense Marshall McLuhan.

La nueva normalidad pospandemia mantendrá niveles reducidos de viajes de negocios, mayor cantidad de empleos con modalidad remota y seguramente concurrencia limitada a las oficinas. Entonces, el relacionamiento entre profesionales seguirá siendo eminentemente digital. O sea, las relaciones laborales se establecerán mayoritariamente con videollamadas y otro tipo de comunicaciones a través de pantallas.

En un estudio de 2015 realizado en China, investigadores de la Stanford Graduate School of Business descubrieron que las personas que trabajaban desde su casa eran un 13% más productivas, o 22% cuando la virtualidad era voluntaria. Lo interesante es que Nicholas Bloom, profesor de economía de Stanford y autor del estudio, concluyó además que quienes trabajaban remotamente tenían menores posibilidades de promoción que aquellos que lo hacían en las oficinas.

Existe un desafío nuevo, que acentuará la diferencia entre quienes mejoren sus habilidades de relacionamiento digital y está asociado con la preparación y atención de los empleados respecto a estas comunicaciones. Basta ver con atención cómo se presentan los ejecutivos en una videollamada: mala iluminación del rostro, encuadre incorrecto, vestimenta de “entrecasa”, sonido inadecuado, poco conocimiento con respecto a la utilización de la herramienta de videollamada, fondos de pantalla poco profesionales o recortes artificiales del rostro que deforman la imagen, etc.

Ante la nueva normalidad, no tengo dudas de que este inédito escenario de relaciones profesionales digitalizadas exigirá una gran atención de los ejecutivos en mejorar la forma de comunicarse, para entonces crear interacciones positivas que los ayuden a crecer.

(*) David Castiglioni: Profesor de UADE Business School


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