Las empresas que no automaticen su gestión energética van a perder competitividad
23 de Enero de 2026Escribe Fabián Bosquiazzo, Natural Resources Sales VP en Softtek
En la Argentina, la energía dejó de ser un costo “de fondo” para convertirse en una variable estratégica del negocio. Hoy, optimizar el consumo ya no pasa solo por cambiar luminarias o renegociar contratos, sino por gestionar la energía de forma inteligente, anticiparse a desvíos, reducir desperdicios y tomar decisiones basadas en datos en tiempo real. En un contexto de presión sobre márgenes y mayor exigencia ambiental, no avanzar en esta dirección es resignar competitividad.
La tecnología para hacerlo ya está disponible y madura. Sensores de Internet de las Cosas, plataformas de monitoreo, analítica avanzada e Inteligencia Artificial permiten observar, predecir y regular el consumo con una precisión inédita. Esto habilita el pasaje de un modelo rígido a uno dinámico, capaz de ajustarse a la demanda, a la disponibilidad de recursos y a las condiciones operativas de cada momento.
El motor inicial suele ser el ahorro, pero el impacto es más amplio. La automatización energética reduce costos operativos, habilita mantenimiento predictivo, disminuye fallas y mejora la eficiencia de infraestructuras industriales, comerciales y corporativas. Al mismo tiempo, permite avanzar con mayor control y trazabilidad en compromisos de sostenibilidad, un factor cada vez más relevante para cumplir objetivos ESG y responder a regulaciones presentes y futuras.
Esta nueva forma de gestionar la energía se apoya en un ecosistema integrado de tecnologías: dispositivos IoT que capturan datos en tiempo real, modelos de IA que detectan patrones y oportunidades de mejora, computación de borde para respuestas inmediatas e integración con sistemas de gestión de edificios y procesos industriales. En algunos casos, incluso se incorporan mecanismos de trazabilidad avanzada para reforzar la confiabilidad del dato. El resultado es que el consumo deja de ser una caja negra y se convierte en una variable medible, auditable y optimizable.
Aunque muchas veces se asocia la automatización energética con las redes inteligentes o los servicios públicos, su impacto es transversal. Hoy los mayores avances se ven en plantas industriales que optimizan procesos y equipos, edificios que combinan confort con eficiencia en iluminación y climatización, centros de datos que mejoran sus esquemas de enfriamiento frente al crecimiento de la demanda digital, e instalaciones que integran energías renovables y almacenamiento para lograr un balance más estable.
Sin embargo, el punto crítico no es la tecnología, sino el enfoque. Automatizar energía no es comprar herramientas: es transformar procesos y formas de decisión. Requiere liderazgo, una visión de largo plazo y una hoja de ruta que contemple tanto la madurez tecnológica como el cambio cultural necesario para gestionar con datos y no por intuición.
En definitiva, automatizar la gestión energética es profesionalizar la eficiencia, anticiparse a los problemas antes de que impacten en la operación y convertir el consumo en un indicador estratégico del negocio. La energía ya no es solo un insumo. Es una palanca concreta para construir organizaciones más inteligentes, sostenibles y competitivas.
(*) Fabián Bosquiazzo: Natural Resources Sales VP en Softtek












