La IA acelera la desigualdad laboral y obliga a repensar el trabajo

Un dato encendió alertas en Women in Tech Argentina: las mujeres tienen 1,5 veces más chances de cambiar de empleo por la automatización. El desafío ya no es adoptar tecnología, sino hacerlo sin ampliar brechas

La cuarta edición de Women in Tech Argentina (WITAR26) dejó de lado el tono inspiracional típico de estos encuentros y bajó la discusión a tierra. El evento, organizado por Géneras, reunió en Buenos Aires a más de 130 ejecutivas, referentes de empresas, sector público y academia con un objetivo concreto: pasar del debate sobre inteligencia artificial a su aplicación real en negocios y políticas.

El mensaje central fue incómodo, pero difícil de ignorar: la transformación tecnológica no es neutral. Y si no se gestiona, puede profundizar desigualdades que el mercado argentino ya arrastra.

"La única manera de que una transición tecnológica sea justa, es que sea construida colectivamente, con perspectiva de género y con mirada federal", remarcó Micaela Sánchez Malcolm, Presidenta de Géneras.

Micaela Sánchez Malcolm, Presidenta de Géneras
Micaela Sánchez Malcolm, Presidenta de Géneras

Menos discurso, más ejecución


El encuentro giró en torno a cinco ejes —IA, datos, futuro del trabajo, liderazgo y gobernanza—, pero con un enfoque práctico. Hubo workshops pensados para que las y los asistentes salieran con decisiones concretas: qué procesos automatizar, qué datos analizar y cómo integrar IA en sus operaciones.

Ese cambio de lógica marca una evolución en este tipo de espacios. La conversación ya no es “qué es la IA”, sino “qué hago mañana con esto”.

Uno de los datos que atravesó toda la jornada fue el impacto laboral: las mujeres tienen 1,5 veces más necesidad de cambiar de trabajo que los varones por efecto de la automatización. No es un tema de percepción, sino de estructura: muchos de los roles más expuestos a la sustitución tecnológica están ocupados por mujeres.

Women in Tech Argentina (WITAR26)

Argentina frente a una doble brecha


El dato cobra más peso en el contexto local. Argentina tiene un ecosistema tecnológico en crecimiento, pero con brechas claras: de género, de acceso a capacitación y de distribución territorial.

Al mismo tiempo, hay una oportunidad. El país muestra una alta participación femenina en investigación (más del 50%), lo que podría ser una ventaja competitiva si se traduce en mayor presencia en el desarrollo de tecnología.

El problema es que esa transición no ocurre sola. Sin políticas activas y decisiones empresariales concretas, el riesgo es que la IA consolide un modelo más excluyente.

Negocios, talento y regulación en juego


Durante los workshops se puso el foco en dos frentes críticos. Por un lado, la capacitación: la demanda de talento con habilidades en IA crece más rápido que la oferta, y la falta de acceso puede dejar afuera a buena parte de la fuerza laboral.

Por otro, la gobernanza de datos. La calidad y el origen de los datos definen cómo funcionan los algoritmos. Si esos datos están sesgados, la automatización replica —y amplifica— esas distorsiones.

También apareció un cambio más profundo: el paso de roles a tareas. La automatización fragmenta el trabajo y delega decisiones en sistemas, desde selección de personal hasta evaluaciones de desempeño. Esto abre una nueva agenda para Recursos Humanos y para la regulación laboral.

Bienestar y carga digital


Otro punto relevante fue el impacto en la vida cotidiana. La digitalización no solo transforma el empleo, también redefine el tiempo personal.

Se habló de una expansión del trabajo no remunerado asociado a la presencia digital constante. En términos simples: más tareas, más conectividad y menos límites claros entre trabajo y vida personal.

Esto instala un tema que empieza a escalar en agenda: el derecho a la desconexión. No como beneficio, sino como condición para sostener productividad en el tiempo.

Lo que deja WITAR26


El evento dejó una lectura clara para el mercado argentino. La discusión sobre inteligencia artificial ya no pasa por adopción, sino por cómo se implementa y quién queda dentro o fuera de ese proceso.

Para empresas, implica revisar estrategias de talento, capacitación y uso de datos. Para el sector público, acelerar marcos regulatorios que acompañen el cambio sin frenarlo. Y para el ecosistema en general, entender que la tecnología puede ser una herramienta de inclusión o un factor de exclusión.

La diferencia no va a estar en la tecnología, sino en las decisiones que se tomen alrededor de ella.