Flexibilidad y bienestar: qué están empezando a exigir los trabajadores argentinos

Un informe de WeWork y Michael Page muestra que el malestar laboral ya no pasa solo por el salario

La discusión sobre presencialidad dejó de ser un tema exclusivo de recursos humanos. En Argentina, la forma en que las compañías organizan el trabajo empieza a impactar de lleno en productividad, atracción de talento y clima interno. Y los números muestran que el problema ya es más profundo que una negociación salarial.

Según el informe “Retos y perspectivas del trabajo: revelando las claves de la evolución laboral”, realizado por WeWork junto a Michael Page, más de la mitad de los trabajadores argentinos reconoce algún nivel de frustración con su empleo actual. El salario aparece primero entre las causas de insatisfacción (12%), pero detrás emergen otros factores que hace pocos años tenían menos peso: la falta de flexibilidad (7%) y la ausencia de foco estratégico dentro de las organizaciones (6%).

Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica
Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica.

Lo relevante es que el malestar atraviesa generaciones y perfiles. Ya no se trata únicamente de cuánto paga una empresa, sino de cómo se trabaja en ella.

La presencialidad volvió al centro del conflicto


El informe también expone una tensión que muchas compañías todavía no lograron resolver: el regreso a la oficina. Según el estudio “IA y presencialidad: el nuevo panorama laboral”, también elaborado por WeWork y Michael Page, el 33% de los encuestados considera que la presencialidad impactó negativamente en su vida cotidiana.

Las razones son concretas y bastante locales: más tiempo perdido en traslados, menor equilibrio entre vida personal y trabajo y una percepción de caída en la productividad. En ciudades como Buenos Aires, donde el tiempo de viaje puede superar fácilmente las dos horas diarias, el costo de volver a la oficina dejó de ser simbólico.

Para muchas empresas, el problema es que intentar volver al esquema prepandemia ya no parece viable. Especialmente en sectores vinculados a tecnología, servicios profesionales, economía del conocimiento y negocios digitales, donde el trabajo remoto demostró funcionar durante varios años.

Eso no significa, sin embargo, que la oficina haya perdido valor.

La oficina ya no compite con la casa: tiene que justificar el viaje
Uno de los puntos más interesantes del relevamiento es que la discusión dejó de ser “home office versus presencialidad”. Lo que empieza a evaluarse es si el espacio físico aporta algo relevante.

La interacción con equipos, la construcción de vínculos, la visibilidad profesional y el desarrollo de habilidades blandas aparecen como atributos difíciles de replicar en la virtualidad. Pero para que eso ocurra, las oficinas también tienen que cambiar.

Ahí es donde compañías como WeWork intentan posicionarse. El modelo apunta menos a grandes superficies corporativas y más a espacios flexibles, oficinas privadas pequeñas y entornos compartidos que permitan combinar concentración con interacción profesional.

En otras palabras: la oficina empieza a funcionar más como una herramienta de experiencia laboral que como un simple lugar de asistencia obligatoria.

Las oficinas son un vehículo estratégico no solo para fomentar la colaboración intra y extra equipo, sino también para sostener el bienestar de cada colaborador e incluso atraer nuevos talentos y perspectivas”, sostuvo Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica.

La definición no es menor. En un mercado donde contratar perfiles especializados sigue siendo complejo, especialmente en tecnología y servicios digitales, el entorno laboral empieza a transformarse en una variable competitiva.

El impacto también llega al negocio inmobiliario corporativo


Este cambio de lógica también reconfigura el mercado de oficinas en Argentina. Durante años, el objetivo de muchas compañías fue optimizar metros cuadrados. Ahora empieza a ganar terreno otra discusión: cómo diseñar espacios que tengan sentido para equipos híbridos.

Eso abre oportunidades para operadores flexibles, coworkings y esquemas de oficinas bajo demanda, especialmente en empresas medianas o regionales que necesitan reducir costos sin perder presencia física.

Además, el debate ya tiene un componente regulatorio. La Ley N° 19.587 obliga a las empresas a garantizar condiciones mínimas de ergonomía, iluminación y ventilación. Pero el nuevo estándar parece ir más allá de la normativa: los trabajadores empiezan a evaluar calidad de experiencia, autonomía y bienestar como parte integral de la propuesta laboral.

Un cambio que las empresas ya no pueden ignorar


El dato quizás más relevante del informe es que incluso los centennials —la generación con menor nivel de insatisfacción, con 47%— siguen colocando a la flexibilidad como prioridad principal.

Eso obliga a las organizaciones a revisar modelos que hasta hace poco parecían estables. La flexibilidad ya no funciona como beneficio accesorio: empieza a convertirse en condición de permanencia.

Para el mercado argentino, donde muchas compañías todavía intentan equilibrar costos, productividad y retención de talento, el desafío será encontrar un modelo híbrido sostenible sin caer en esquemas rígidos que terminen acelerando la rotación.

La oficina no desaparece. Pero su función cambió. Y las empresas que entiendan primero esa transformación probablemente tengan ventaja para atraer talento en los próximos años.