La tecnologización de la muerte

Por Bruno Tortora - Sebastian Premici
¿Es necesario transmitir tanto sufrimiento? ¿Es necesario actualizar a cada instante una página de Internet de algún diario internacional para saber, al instante, cuál es el estado de una vida? ¿Qué ha acontecido en el mundo para que las personas dejen mensajes electrónicos en distintos sites y weblogs a alguien que no conocen? Todo esto podría englobarse en una definición: la tecnologización de un momento, y en el caso del Papa Juan Pablo II, la tecnologización de su muerte.

¿Se puede relatar una muerte como si fuera un partido de fútbol? Ahora que es posible saber momento a momento lo que sucede, ¿qué pasará con nuestros hábitos y rituales para enfrentar y comprender el más temido suceso de nuestras vidas? "La vida es un largo ejercicio hacia la muerte", había dicho Jean Paul Sastre en algún párrafo crudamente cierto. Con el último paso del ejercicio vital de Su Santidad, merece la pena replantear si usamos la tecnología porque nos es útil o porque la tenemos.

15:00: su cara se puso de color humo. Debe estar sufriendo.

15:01: su brazo izquierdo que reposaba sobre el pecho ahora yace a su lado.

15:04: no se registran cambios visibles. Todavía tiene pulso.

15:05: un leve quejido salió de sus labios. Penoso sufrimiento parece padecer.

15.07: llueve. Tirita de fiebre.

15.11: no se registran cambios visibles. Todavía tiene pulso.

La racionalización tecnológica de un hecho cotidiano no es algo nuevo sin embargo, llama a la reflexión cuando las imágenes y las palabras que se esbozan al respecto afectan a muchas personas: mostrar en imágenes digitales la última semana de sufrimiento del Papa, como lo hace el diario El Mundo (ver aquí); los distintos mensajes dejados en el foro del diario Clarín (ver aquí); o los datos sobre la salud del pontífice minuto a minuto, en el caso del diario La Nación (ver aquí); o mismo, el colapso del sitio web del vaticano (www.vatican.va), hablan por sí solos.

La muerte se puede transmitir por Internet, y hasta se puede infligir con rifles equipados con cámaras web (ver aquí). Matar a la distancia, como si fuera un juego, un juego donde las reglas no las pusimos nosotros, pero cada vez que podemos intentamos modificarlas. Mirar la muerte del otro, como cualquier otra noticia. Mandar postales electrónicas por cumpleaños, quizás para dar un pésame. Ser testigo, mirar, conocer, informarse. Cada vez hay más información y sin embargo sabemos menos. ¿Para qué queremos usar la tecnología? ¿Cómo se está tecnificando nuestra cultura interpersonal? Ahora que podemos saber a cada instante cómo se desarrolla la batalla entre la vida y la muerte (que a la larga ganará la segunda), ¿tendremos que hacerlo?