Vivir y dejar morir

Por Bruno Tórtora
El mundo entero se hizo eco de la muerte del Papa. El ocaso no sólo del líder religioso más importante de la sociedad occidental sino la persona que en sí representaba una de las metáforas modernas más impactantes: la vida regulada por la tecnologías. Usted que está frente a su monitor, tómese un momento para reflexionar sobre la muerte, las lógicas de la vida en serie y la decisión de Karol Wojtyla de dejarse morir

La tecnología en el campo de concentración
"(…) que precisamente porque el Lager (campo de concentración) es una gran máquina para convertirnos en animales, nosotros no debemos convertirnos en animales; que aún en este sitio se puede sobrevivir, y por ello se debe querer sobrevivir, para contarlo, para dar testimonio; y que para vivir es importante esforzarse por salvar al menos el esqueleto, la armazón, la forma de la civilización. Que somos esclavos, sin ningún derecho, expuestos a cualquier ataque, abocados a una muerte segura, pero que nos ha quedado una facultad y debemos defenderla con todo nuestro vigor porque es la última: la facultad de negar nuestro consentimiento. Debemos, por consiguiente, lavarnos la cara sin jabón, en el agua sucia, y secarnos con la chaqueta. Debemos dar betún a los zapatos no porque lo diga el reglamento sino por dignidad y por limpieza. Debemos andar derechos, sin arrastrar los zuecos, no ya en acatamiento de la disciplina prusiana sino para seguir vivos, para no empezar a morir."

Fragmento de Si esto es un hombre de Primo Levi, sobreviviente de Auschwitz.
¿Cómo se entiende desde la lógica del hombre común que el enviado de Dios en la Tierra ponga su vida en manos de la tecnología? ¿Por qué festejar la decisión de Karol Wojtyla de no someterse a un tratamiento confiando su muerte a las manos del Padre sin mediación del hombre? Siguiendo esa línea de razonamiento podría alguien preguntar: ¿por qué no actuó así toda su vida? ¿Por qué el enviado de Dios en la tierra, el intermediario si se quiere, no confió únicamente a su Jefe su ciclo vital? Es difícil de responder; pero es -cuando menos- una actitud contradictoria.

Todo lo que se pueda decir sobre el tema estará matizado por ideologías, creencias y vivencias de quienes opinen. Necesitamos confiar en alguien. Algunos se encomiendan a la Fé; otros a la ciencia y a la tecnología. ¿Será entonces que tal vez al momento de llegar la muerte queremos la tranquilidad de saber que se hizo lo que se pudo por disfrutar el regalo de la vida? Quizás por eso este hombre haya decidido que fuera Dios quien se encargara de decidir su destino.

¿Qué pasa en una sociedad diferente donde las máquinas son adoradas como si fueran dioses? Allí ellas tienen poder sobre la vida y la muerte. Terry Schiavo vivió varios años gracias a una de ellas y sólo trece días necesitó Dios (o lo que sea) para terminar con su vida. Pero más allá de esta diferencia donde alguien se aferra a la vida mediante un respirador o se resigna elevando plegarias, las máquinas siguen teniendo más poder sobre la vida que sobre la muerte. Es más lo que influyen en la vida diaria, hora tras hora, función tras función, en nuestros quehaceres que en la muerte. O mejor dicho que en el último momento de la vida; porque de hecho la muerte casi no existe. No es más que un estado en el que se permanece para siempre, o para nunca, porque tal vez una vez muertos ya no haya tiempo. Entonces podríamos pensar ¿qué diferencia la muerte de la vida? ¿Que cuándo estamos muertos ya no estamos muriendo? ¿Que cuándo estamos vivos nos acercamos más? Tal vez, pero para no sonar tan lúgubres podemos decir que estar vivos significa sentir, pensar, reír, disfrutar, sufrir: vivir. Y todavía tenemos un margen para elegir cómo hacerlo. Y cómo dejar de hacerlo.