IBM Watson vs Dr House

Apasionante posible capítulo de la serie Dr. House ideado por Pablo Wahnon

Era el día de House. Finalmente el Secreto de las Tres Flores había dado resultado. Fue un trabajo de meses durante los cuales House tuvo que ser muy paciente. Sabía que la búsqueda obsesiva fuerza el movimiento de los acontecimientos. Y esa fuerza era percibida por la Dra Cuddy con la misma consecuencia de siempre: repulsión. Entonces House hizo el tremendo esfuerzo de simplemente estar lo suficientemente alerta para percibir. House no debía buscar ni intentar nada sino, solo dejarse llevar por el consejo de Pablo Picasso: “Yo no busco, encuentro”.

Y fue así que encontró un momento por el cual le envió a Cuddy una flor blanca, luego de un tiempo encontró otro y le envió una azul hasta terminar tan solo el día anterior con una roja. House había utilizado lo que se enseña en Paris, la capital mundial de la pasión: Igualdad, Libertad y Fraternidad. Había convencido a Cuddy que esa era la relación perfecta y que él era el único capaz de proporcionársela. Como si fuera poco justo le iba a entregar un objeto perfecto. El círculo estaba a punto de cerrarse y una nueva etapa se avecinaba. House iba por toda la gloria aunque su cara no lo demostrara. House -como si fuese el futbolista argentino Riquelme- estaba feliz.

- Hola Cuddy.
- Al fin llegaste, esto es un desastre. ¿Observaste los medios? Están desesperados pidiendo información y no sé qué decirles.

- No vi nada. Vamos.

House no había visto nada del tremendo alboroto. Por supuesto él estaba concentrado, pensando en otra cosa: internamente estaba saboreando cómo iba a disfrutar su victoria con Cuddy. Pero ella no le dio tiempo de nada y rápidamente fueron al salón de urgencias.

- Aquí está, es todo tuyo. Necesitamos una respuesta y que sea rápido.
- ¿Cuán rápido?
- Lo suficientemente rápido como para que no me vuelvan a llamar
- ¿Que no llame quién?
- El presidente de los Estados Unidos, por si no lo sabías se llama Barack Obama. House, ¿no has visto lo que pasa? Estamos frente a un problema de seguridad nacional. House, no hay tiempo de explicaciones: debemos actuar.

Por supuesto House no había visto los sucesos de la noche anterior. Mientras mantenía un diálogo a puertas cerradas con Obama, el hombre acusó extraños síntomas. Se trataba del hombre capaz de cambiar el esquema político de Rusia acabando con gran parte de la corrupción que se había enquistado. Y además lograr un movimiento hacia un mundo libre, lejos del que construye Vladimir Putin. Por último ese hombre era el último referente de la inteligencia individual. El hombre que era la esperanza del cambio se llama Garry Kasparov, el mayor ajedrecista que ha conocido la humanidad hasta que -cansado de ganarles a todos- se decidió por emprender el nuevo desafío de liberar a Rusia.

La conjetura era que Kasparov había sido víctima de un ataque biológico. Y seguramente el target no se detenía sólo en él. Algunos síntomas de las últimas horas en Barack Obama comenzaban a preocupar. A esta altura no era sólo salvar a Kasparov. Lo más importante era hacer todo lo posible para comprender qué estaba pasando. En la mentalidad de la inteligencia estadounidense Kasparov ya se había convertido en el conejillo de indias de Barack Obama.

Sin embargo, Kasparov había llegado al hospital hacía tan sólo 20 minutos, aunque para Cuddy fueron eternos. El FBI había decidido que sólo House podría desarmar el arma biológica. Es que estaban seguros que había alguna trampa de forma tal que el tratamiento más adecuado contribuiría a empeorar las cosas. Por otra parte el cuerpo de Barack Obama tampoco era igual al de Kasparov complejizando aún más las cosas. Alrededor de un tercio de la sangre de Obama se compone de respirocitos (respirocytes en inglés, un invento de nanotecnología por la cual la sangre almacena más oxígeno y hasta es capaz de moverse por sí misma si el corazón fallara, o sea ante un ataque cardíaco o incluso ante un atentado Obama tiene unas 5hs más para llegar a un hospital ya que su sangre lo mantiene vivo). El problema de los respirocitos era cómo iban a reaccionar frente a este enfermedad desconocida que podía transformarlos en una desventaja en lugar de la ventaja con la que cuentan todos los presidentes americanos desde que el invento se desarrolló hace dos años.

House vio a su paciente y lo primero que le dijo fue: "¿La derrota con la Deep Blue no fue justa, no?". Miro fijamente a Kasparov y antes que éste pudiera anticipar una respuesta se fue para reaparecer instantes después. "Toma esta cápsula, te hará bien".

- Espero que me haga algo. No hay nada peor que quedarse esperando, por eso en ajedrez decimos ‘no hay peor amenaza que la de la ejecución’.
- Bebe-, replicó House.

La derrota de Kasparov ante la computadora de IBM Deep Blue se consideró el primer gran avance en inteligencia artificial. Por supuesto, House nunca estuvo conforme. Recordaba bien cómo a partir de la segunda partida habían tocado el programa para el caso de los alfiles de distinto color cuando se dieron cuenta que la máquina no evaluaba bien esas posiciones. House consideraba que habían callado a Kasparov engañándolo al hacerle pensar que la máquina era más de lo que realmente era.

La situación en Washington estaba lejos de haberse calmado. La NSA -Nacional Security Agency, famosa por ser la agencia que más empleos da a los matemáticos del planeta- acababa de proponer su propio plan. Por un lado había desacreditado a House: “No podemos poner la salud del presidente en las manos de un loco”, decían. Y por el otro tenían su solución. “Necesitamos el mejor análisis posible y dejar la pasión de lado que nos confunde. Necesitamos a Watson". Más que una computadora Watson era lo último en desarrollo de Inteligencia Artificial. IBM lo había hecho de nuevo. Así como en 1997 sacudieron al mundo con la derrota a Kasparov con Deep Blue, ahora había trabajado durante cinco intensos años reuniendo a especialistas de diversas áreas para dar vida a la nueva criatura digital.

Watson había dado prueba de su contundencia al derrotar en Jeopardy! a los mejores jugadores humanos. Se trata de un juego donde dan una descripción cualquiera, incluso ambigüa, y hay que dar con la mejor pregunta cuya respuesta sea esa descripción. Pero IBM no se había quedado ahí. Watson estaba preparada para derrotar a los médicos como el mejor diagnosticador a partir de los síntomas de un paciente.

- ¿Qué le dio? ¡Por qué no nos informaron!-, dijeron unas personas que ingresaron de repente.
- ¿Quienes son ustedes?- Replicó House.
- Somos de la NSA. Este caso ahora está bajo nuestra órbita. ¿Qué le dio? Tenemos que poner los datos en Watson.
- ¿En quién?
- En Watson, tenemos al mejor médico del mundo y lo vamos a utilizar. Watson es el último avance en inteligencia artificial.
- ¿Ustedes están locos? Van a poner al descendiente de la Deep Blue a cuidar a Kasparov. Usted cree que va a curar a su enemigo!
- Váyase House, el que está loco es usted.
- ¡House no se va!- apareció de pronto gente del FBI-. House se queda.
- ¿Por orden de quién?
- De Washington. Tanto House como Watson deben dar su diagnóstico y recomendaciones. Y sobre todo deben pronosticar el próximo síntoma antes de que aparezca. Eso es lo que evaluará el gobierno.

Sin decir más nada House se retiró para reunirse con su grupo de colaboradores mientras el operador sumó -a lo que ya sabía Watson de Kasparov- la droga que House le dio tal como se leía en la historia clínica. Watson no perdió el tiempo y dijo: “el paciente tendrá un eccema en los próximos 45 minutos” " El presidente de los Estados Unidos padecerá una congestión nasal en la próxima hora".

House ni se dio por aludido y se dirigió, como era su costumbre, a su oficina donde fue enumerando los síntomas junto a sus colaboradores en una pizarra. No habían logrado avanzar demasiado es decir House sólo se había dedicado a desdeñar a su equipo cuando de pronto irrumpió Cuddy.

- Lo hizo! Lo hizo! Creo que es increíble.
- ¿Qué es increíble?
- Watson pronosticó un eccema en 45 minutos y ya vimos las primeras señales! Watson es increíble!

Los ojos de House solo eran un testimonio parcial de su furia interior.

- No puede ser! Dijo. Y ante la mirada atónita de sus colaboradores arrancó la hoja con los síntomas de Kasparov. Olvídemosnos de él. Ahora nuestro paciente es Watson.
- Pero, ¿qué dices House? ¿No ves de qué se trata todo esto? Estamos ante un problema de seguridad nacional. El hospital está en juego.
- Cuddy, Watson es un fraude o está enfermo. Yo creo que quiere aniquilar a Kasparov. El bien sabe toda su historia con Deep Blue. Lo pudo analizar perfectamente a partir de su patrón de datos no estructurados. Es algo fácil, Watson tuvo acceso a las historias del Hal de 2001 Odisea en el Espacio, y a las de Deep Blue quizá no consigue distinguir entre realidad y ficción. O quizá se trate de algo peor. Eso es lo que sospecho. Debemos desenmascararlo.
- ¿Qué dices? Estas loco!
- Entiendo perfectamente la situación. Watson es la última maravilla de la tecnología. Eso no es ni más ni menos que nuestros prejuicios amplificados. No hay un futuro superior que el de nuestros egoísmos con estimulantes. ¿No lo ves? Oscar Pistorius, que tiene esas piernas no eligió correr con ellas y disfrutar de los pájaros se fue directo a participar de las Olimpíadas Londres 2012. Hasta hizo un juicio para que lo dejen participar. Aún es peor el auto de Google que anda sólo y es un real ataque a los taxistas. Pero además Cuddy, si, por ejemplo, yo estuviera furioso, realmente furioso, contigo sería capaz de estrellar mi auto contra tu casa. Eso: ¿Lo haría Google? Por otra parte imagínate lo que haría una máquina llena de nuestro ego embebido. Cuddy no creas que yo no entiendo la situación. Te repito: la comprendo perfectamente bien: porque Watson será Watson pero yo, yo, y pese lo que le pese a todos los Watson del mundo yo... soy Dr. House.
- Pero House, ¿no ves lo que ha hecho? Ha pronosticado el próximo síntoma con total claridad!
- No es así, Cuddy. Debo confesártelo. Necesitaba ganar tiempo, estaban todos ansiosos porque le de algo. Y entonces… no le di nada.
- ¿Qué dices?
- No le di la droga que figura en la historia clínica. Antes había vaciado la píldora. El problema es que no puedo decir que mentí. El hospital, como dices, está en juego. Por lo tanto Watson miente: debemos desenmascararlo.
- Oh House esta vez has ido demasiado lejos! Quizá fue una simple casualidad. Pero House, ¿no lo ves? Es una máquina maravillosa. Dime House, si estuvieras enfermo: ¿No dejarías que sea Watson quien te diagnostique?
- Oh Cuddy. Tu me conoces. Puede conocerse mucho de una persona a través de sus síntomas. Pero no esto.

Y acto seguido sacó el objeto con el que pensaba comenzar su día: el Claddagh, ese anillo irlandés materializaba lo que no se puede decir con palabras y lograba ir aún un paso más allá del triadismo de las tres flores.


(Dedicado al viejo y querido maestro Miguel Najdorf y a Garry Kasparov quien siendo el más insuperable de todos los tiempos le ofreció Tablas a Najdorf en su paso por Buenos Aires. Una gran lección de lo que es ganar algo que tal vez aún va más allá del entendimiento de las computadoras actuales).

(*) Pablo Wahnon: Periodista especializado en Innovación, Tecnología y Negocios. Editor de PartnerSpaces y TEDx Talker