Las necesidades urgentes y a largo plazo de la investigación científica en el país

Por Sebastián Premici
Gabriel Baum es director de la Sociedad Argentina de Informática e Investigación Operaria (SADIO); a su vez es docente de la Universidad de la Plata y destacado investigador de la Argentina que fue homenajeado semanas a través con el premio Sadosky de oro 2005. Con motivo del premio otorgado a Baum, quien además se ha desempeñado como uno de los coordinadores del Foro de Software y Servicios Informáticos, Canal AR dialogó con él sobre las necesidades (urgentes y a largo plazo) de la investigación científica en el país

Gabriel Baum es director de la Sociedad Argentina de Informática e Investigación Operaria (SADIO); a su vez es docente de la Universidad de la Plata y destacado investigador de la Argentina que fue homenajeado semanas a través con el premio Sadosky de oro 2005. Baum se reconoce "nieto de la camada de investigadores que se formó con el legendario Manuel Sadosky", el impulsor y creador de la Escuela Latinoamericana de Informática (ESLAI), en 1983, cuando Raúl Alfonsín puso al frente de la Secretaria de Ciencia y Técnica a Sadosky. Baum fue uno de los últimos docentes en dictar un curso en este proyecto que cerró sus puertas en la década de 1990, cuando el plan neoliberal de Carlos Menem cortó de cuajo la educación en el país.

Con motivo del premio otorgado a Baum, quien además se ha desempeñado como uno de los coordinadores del Foro de Software y Servicios Informáticos, Canal AR dialogó con él sobre las necesidades (urgentes y a largo plazo) de la investigación científica en el país.

-¿Cuál es el principal legado de la Escuela Latinoamericana de Informática?-

- La escuela dejó una buena cantidad de académicos que se fueron del país y volvieron, los cuales hoy están ocupando lugares importantes en empresas y en universidades. Yo creo que marcó un cambio cultural ya que hasta ese momento había muy poca interacción de la Argentina con el exterior a nivel académico, sobre todo en el campo de la computación. Una de sus virtudes es que trajo profesores de primer nivel mundial por semestre a radicarse en la escuela y a dar clases y eso generó un cambio muy notable. Muchos se fueron a estudiar a los mejores lugares del mundo y gran parte de esa gente volvió y hoy está en Argentina. Creo que de alguna manera la idea era producir un cambio académico en la computación. Lamentablemente quedó ahí.

- Teniendo en cuenta esta perspectiva, ¿cuál es el estado actual de la investigación en el país?-

- Si uno mira los últimos 10 años, ha habido un avance importante en cuanto a la conformación de grupos de investigación y consolidación de carreras de grado, de la comunidad académica, en algunos casos comparable con grupos de investigación de nivel internacional. Pero si quisiéramos hacer un poco de historia, habría que comenzar por la ESLAI, porque todo salió de ahí. A partir de 1995 con el programa Fomec del Ministerio de Educación empezaron a financiarse carreras de doctorado o programas de investigación. Hoy podríamos contar entre 80 y 100 recibidos con título de postgrado (este número es alcanzado por una sola Universidad de Brasil por año). Esto marca que existen varios problemas, sobre todo de financiamiento.
Por otro lado, el desarrollo de todo lo que estoy diciendo es completamente anárquico, porque la gente investiga lo que le gusta. No existe una política desde el Ministerio marcando los rumbos que deberían seguirse. Lo que sí creo es que a partir de 2001 y 2002 se alinearon algunos temas.

-¿Como cuáles?-

- Varios de ingeniería de software, sobre todo los que tienen que ver con la automatización de la ingeniería del software que es importante. Algunos nichos verticales como el agro-business, la salud, sobre todo la relación entre la medicina y las TICs. Temas como el procesamiento de imágenes, seguridad de la información, fueron y son muy recurrentes. Sin embargo no hay estudios concretos de qué mercado pueden desarrollarse en base a esto ni cuáles son las capacidades con las que contamos para llevarlos a cabo. “¿Cuántas empresas líderes en Argentina exporten el fruto de estas investigaciones? Son muy pocas. Es necesario plantarse frente a las exigencias internacionales y poder competir para ponerle más valor agregado a los logros ya alcanzados. Sin embargo, eso no existe todavía, es una (in)definición de políticas.

-¿Sabés cuánto invierten las Universidades en investigación y desarrollo?-

- Las universidades prácticamente no cuentan con presupuesto para investigación y desarrollo. Hay muy pequeños subsidios que dan las universidades a los docentes que hacen el trabajo como incentivo. Yo fui director de proyectos y el año que más plata recibí fueron $4000. El último año ha habido algunos aportes de la SeCyT donde se definieron dos subsidios para 4 años que en total sumaron algo así como un millón de dólares.

-¿Y de qué manera incide el sector privado en todo esto?-

- En nada y esa es otra de las cuestiones: la integración entre el sector privado y la universidad. Hay muy buenas intenciones de las dos partes y creo que los Foros de Competitividad favorecieron en el sentido de que por lo menos la gente se conoció. Se consigue vinculación, por ejemplo, para que las universidades den cursos de capacitación. Pero hay serias dificultades para que los proyectos de investigación y desarrollo sean definidos en conjunto. Aquí se juntan varias cosas: por un lado, la demanda de las empresas, que en cuanto a innovación, no son muy innovadoras. Pretender que las universidades formen mano de obra medianamente calificada es hacer un barullo. Hay que reconstruir el sistema educativo técnico, secundario, terciario, de ahí se pueden sacar buenos técnicos. De hecho los mejores técnicos salieron de ahí y si ese sistema funcionara, no habría tantos estudiantes universitarios abandonando sus carreras en primer año. Creo que con la ley de educación técnica esta situación puede revertirse y va a hacer que las cosas se pongan en su lugar.

- Pero la realidad es que los empresarios piden que se modifiquen los planes de estudio...-

- Sí, pero ningún empresario presenta un plan concreto, porque los chicos que salen hoy de las universidades, saben demasiado para ese tipo de puestos, están sobrecalificados. Y la modificación de los planes de estudio implica una tarea muy compleja y una gran discusión. Los planes de estudios de las grandes universidades no deberían sufrir mayores modificaciones porque son muy buenos. Creo que los empresarios chillan porque les falta el nivel intermedio, los técnicos. Hacer que la Universidad de Buenos Aires no enseñe más lógica, por ejemplo, es un crimen a la educación.

- En relación a la falta de política a largo a plazo, teniendo en cuenta los recursos que hay en el país, ¿cuáles son los proyectos que debieran prevalecer?-

- La Argentina debería especializarse en 5 o 10 áreas, por ejemplo. Y para eso tendría que medir muy bien en perspectiva: ver qué le podría vender al mundo, cuál es el capital humano real que tiene y a partir de ahí, ver qué posibilidades tiene. Lamentablemente hoy en día todo se maneja por la intuición; por eso considero necesario realizar un estudio serio para discernir los mejores campos de investigación. Y no debería hablarse solamente de software, creo que las TICs también tienen que tener una puesta en escena. Por ejemplo, cuando hablamos de gobierno electrónico, no podemos hablar únicamente de software, es un proyecto que incluye muchas cosas. Creo que la Argentina puede andar muy bien en esta materia, puede tener muy buenos resultados, porque implica tecnología, comunicación, etc. Me parece que alguna vez el Gobierno tendría que invertir un año para investigar y luego comenzar a buscar resultados, en vez de comenzar al revés.