Planificando el espectro

La opinión de Enrique Carrier sobre el Barcelona el 5G Summit

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Durante la semana pasada tuvo lugar en Barcelona el 5G Summit, organizado por Qualcomm. La elección de la ciudad surgió como una alternativa más segura que la tradicional Hong Kong. Claro que este año, Barcelona tampoco fue un remanso de paz… Esto no impidió que a lo largo de 3 días se abordaran múltiples temas vinculados a una generación tecnológica que aunque reciente e incipiente está presentando una velocidad de adopción que supera ampliamente a la registrada en su momento con 4G y más aún a las generaciones anteriores.

Por esto, si bien hablar de 5G en Argentina equivale a hacerlo sobre algo lejano aún, el trabajo previo no será sencillo, especialmente lo que hace a la identificación de las frecuencias más apropiadas y la forma en las que serán asignadas.

Es importante recordar que para funcionar en todo su potencial 5G requiere de disponer simultáneamente de múltiples bandas de espectro, tanto altas (por encima de los 6 GHz), como medias (entre 1 y 6 GHz) y bajas (menos de 1 GHz). Sin embargo, la disponibilidad en cada país de las diferentes bandas depende de los servicios (no necesariamente móviles) que ya se estén ofreciendo en las mismas. Por lo tanto, es lógico pensar que tendrán un tratamiento regulatorio distinto al habitual hasta el momento para servicios móviles. En síntesis, cada banda presenta una problemática propia que exigirá aproximaciones diferentes.

Las bandas altas ofrecen mucha velocidad y capacidad aunque a corta distancia y en espacios sin interferencias. Estas características las hacen indicadas para puntos de alta concentración de tráfico y dispositivos, como estadios, shoppings, terminales de transporte. Como además, las bandas altas habilitan grandes anchos de banda y bajísima latencia (semejantes ambos a los de la fibra óptica) también son la base del desarrollo de la banda ancha fija (FWA – Fixed Wireless Access). Por otra parte, son apropiadas también para algunas aplicaciones localizadas, como ciertos usos industriales, por ejemplo, el control de robots en el piso de producción. Como la cobertura en bandas altas es tan baja (del orden de muy pocos cientos de metros), no es razonable pensar que éstas sean asignadas a nivel nacional. Podrá haber asignaciones a nivel municipal para operadores. Sin embargo, surge también la posibilidad de uso privado, en plantas industriales. Con un alcance tan reducido de una antena, no son muchas las probabilidades de interferencia si en un predio cercano se está usando también la misma frecuencia. Así, no sólo hay que pensar en la asignación de este espectro para uso local (o localísimo) sino que en ciertos casos (como los industriales) hay quienes sugieren que debería asignarse sin cargo, o que éste sea mínimo.

Por su parte, las frecuencias medias, que son actualmente utilizadas por los terminales móviles, presentan un equilibrio entre ancho de banda y cobertura mejorada respecto de 4G. El problema que presentan es que conforman un espacio bastante ocupado o con bloques de espectro no lo suficientemente grandes. Esto puede requerir reatribuciones y reasignaciones. Por ejemplo, una frecuencia en banda media muy utilizada actualmente para 5G es la de 3.5 GHz, que en muchos países de Latinoamérica (incluida Argentina) se atribuyó para servicios inalámbricos fijos, que algunos usan todavía con WiMax y también con otras tecnologías inalámbricas (como LTE fijo). Esto exigirá un refarming para poder ser utilizado para servicios móviles. No obstante, son aptas para asignación nacional o regional a la manera tradicional.

Las bandas bajas proveen cobertura y confiabilidad, lo que las hace indicadas para IoT y aplicaciones derivadas, donde se conectan gran número de dispositivos pero que no exigen demasiado ancho de banda, permitiendo una amplia cobertura con un bajo consumo energético, ideal para todo tipo de sensores y otros dispositivos conectados. Sin embargo, el espectro disponible en estas bandas se encuentra mayormente en uso, tanto por los propios servicios móviles (en 700, 850 y 900 MHz) como por otros. Por su mayor alcance, las bandas bajas son las más indicadas para ofrecer cobertura nacional.

Sin embargo, algo que promete alterar la forma en que se ve el espectro es el desarrollo de la tecnología DSS (Dynamic Spectrum Sharing) que estará disponible a partir del 2020. La misma permitirá la coexistencia de 4G y 5G compartiendo las mismas frecuencias dinámicamente. Para esto será necesario que tanto las radiobases como los terminales soporten esta tecnología (que en el caso de las radiobases puede ser vía una actualización de software). Lo que logra el DSS es hacer un refarming de hecho de la noche a la mañana, evitando el largo proceso que implicaría hacerlo de la manera tradicional: liberar totalmente una frecuencia antes de comenzar a utilizarla con otra tecnología. Además de resolver el tema de disponibilidad de espectro, el DSS hace que no sea imperativo concursar por nuevas frecuencias en banda baja y también en banda media. Una buena noticia para los operadores que ya cuentan con espectro en esa banda, pero una mala para quienes ven al espectro como una fuente de recursos para el Estado. Se trata entonces de un dato que el regulador deberá tener en cuenta cuando comience a especular con la calculadora en relación a cuántos ingresos podrían generarse por la atribución de nuevas frecuencias.

(*) Enrique Carrier: Analista de mercado especializado en Internet, informática y telecomunicaciones, con más de 20 años de experiencia en el sector tecnológico. Además, es el editor de “Comentarios”, el newsletter semanal y blog de Carrier y Asociados


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