La participación estatal de Bolivia en las telecomunicaciones
Por Sebastian Premici 4 de Julio de 2006El presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció el mes pasado que adquirirá el 51% de las acciones de la empresa mixta ENTEL (Empresa Nacional de Telecomunicaciones), cuyo socio privado es Telecom Italia. Esta decisión se enmarca en las políticas de autonomía estatal que está llevando adelante el dirigente del Movimiento al Socialismo (MAS). A partir de esta decisión –que se suma a la nacionalización de los hidrocarburos- Bolivia cambia las reglas de juego para barajar nuevamente pensando en los intereses de su población
El Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales triunfó este fin de semana en la votación de constituyentes; ahora se establecerá una asamblea para avanzar sobre los proyectos de interés nacional. Pero lo que también se sufragió este fin de semana fue un referéndum por el apoyo o la negativa a las autonomías regionales. Ganó el No de Evo Morales. Una de las lecturas posibles es que la población boliviana sigue apostando a la integración de todo el país bajo una dirección política clara. “Hay gobiernos que se desgastan pero aquí se consolida la nacionalización de los hidrocarburos y los cambios que vamos dando en democracia”, aseveró el lunes Morales en un encuentro con la prensa extranjera. El No puede leerse como un Sí a la activa participación del Estado en empresas de servicios vitales para ese país, como por ejemplo la ENTEL boliviana.
El Gobierno de Bolivia, que nacionalizó el sector petrolero hace aproximadamente dos meses, anunció recientemente que buscará asumir el control de la mayoría de las acciones de seis empresas mixtas del país en los sectores de energía, ferrocarriles y telecomunicaciones. Si bien no se habla de nacionalizar estas empresas, la apuesta es por controlar recursos económicos estratégicos. Una de las compañías "capitalizadas" en las que el Estado quiere tener la mayoría de las acciones es la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL), cuyo socio privado es Telecom Italia.
Canal AR le preguntó al director ejecutivo de GSM Association, Juan Carlos Jil, qué escenario se abriría en la región si Bolivia nacionalizase la empresa de telecomunicaciones ENTEL. El representante de la industria dijo que no sería nada bueno que esto ocurriese, que el mercado ya adoptó sus reglas de juego y que no deberían cambiarse. En síntesis: no modificar el statu quo de las empresas del sector para que siga habiendo inversiones. Este es uno de los principios que regulan al Estado moderno: estabilidad política para que haya crecimiento económico. Si las cosas no están tranquilas, los gurues del mercado vaticinan problemas económicos. Por eso, lo que está en juego en Bolivia es la posibilidad de dar vuelta las reglas de juego.
Todo tiene su historia. Desde comienzos de la década de 1980 se ha expandido una corriente de opinión que intenta legitimar una supuesta no intervención del Estado en la definición de políticas destinadas a regular los sistemas de radiodifusión y telecomunicaciones. Según indican los especialistas en Comunicación Guillermo Mastrini y Mariano Mestman en su texto “¿Desregulación o rerregulación?: de la derrota de las políticas a las políticas de la derrota”, a partir del auge del neoconservadurismo en los años '80, se consolidó un proceso denominado desregulación, que implicó el desmantelamiento y/o abandono de las tesis asumidas en América Latina durante los ´70 y que en Europa gozaron de consenso por más de sesenta años, respecto de una fuerte presencia estatal en la definición de políticas de comunicación”.
La década de 1980 corresponde a los años de Margarett Tatcher y Ronald Regan, es decir, la imposición en el mundo de las teorías neoliberales y la supuesta retirada de los Estados en la regulación de la actividad económica. “Sostenemos que el uso del concepto de desregulación constituye una falacia construida a partir de presentar Estados en retirada, cuando por el contrario dichos Estados se encuentran en la primera línea de batalla, generando un volumen de dispositivos legales, en muchos casos mayores que los previos, destinados a establecer reglas de juego acordes con los intereses de los grupos oligopólicos”, aseveran ambos autores.
Lo que se llamó en su momento desregulación no fue más que –en términos del Euromedia Research Group-, un proceso de rerregulación, una nueva lógica en política. ¿Podría entenderse la política que está llevando adelante Evo Morales como un intento de relanzamiento del Estado pre neoliberal, una reregulación al revés? “Los pobres, los campesinos, también tienen derecho a contar con sus propios medios de comunicación. Hoy la única oposición son los grandes medios de comunicación, que defienden los intereses de un puñado de familias que vivieron de la política y concentraron el poder económico. Eso tiene que cambiar, ahora que les quitamos la mamadera se molestan”, aseveró Morales en una entrevista concedida al diario Página/12 el pasado 26 de junio.
En conclusión, el Estado boliviano –mal que les pese a algunos- está buscando un nuevo protagonismo. “En este plan (Plan de Desarrollo Nacional) consideramos al Estado un actor fundamental del desarrollo. La empresa grande nacional y la empresa extranjera tendrán un papel fundamental, pero respetando al Estado y asegurando transferencia tecnológica y reinversión de utilidades”, declaró el pasado 16 de junio, el ministro de Planificación Económica, Carlos Villegas, con motivo del lanzamiento del Plan Quinquenal boliviano.













