Equipos preparados para la IA: rendimiento clave para estudiantes y profesionales

Escribe José Luis Fernández, gerente de Tecnología de Kingston para Latinoamérica

Estamos entrando en una nueva etapa en la informática personal y profesional, impulsada por la inteligencia artificial integrada a las herramientas que usamos todos los días. Sin embargo, muchas veces se piensa que el salto tecnológico depende solamente de procesadores más potentes, cuando en realidad el rendimiento del equipo es el resultado del equilibrio entre todos sus componentes.

En cualquier computadora, ya sea de uso doméstico, educativo o profesional, la performance depende de que memoria, almacenamiento y procesador trabajen de manera equilibrada. Cuando uno de estos elementos queda rezagado, la experiencia del usuario se deteriora rápidamente.

Hoy vemos equipos promocionados como preparados para IA, pero equipados con configuraciones de memoria insuficientes. No tiene sentido contar con procesadores que incorporan aceleradores de inteligencia artificial si el sistema dispone solo de 16 GB de RAM, que apenas alcanzan para tareas de oficina y navegación con múltiples aplicaciones abiertas.

La realidad es que las nuevas cargas de trabajo requieren más memoria y mayor velocidad. Actualmente, 32 GB de RAM se están convirtiendo en el nuevo piso para quienes desean utilizar herramientas de IA de manera local, y 64 GB o más comienzan a ser necesarios en entornos profesionales o educativos avanzados.

Lo mismo ocurre con el almacenamiento. Cuando trabajamos con modelos de inteligencia artificial o grandes volúmenes de datos, la velocidad de acceso a la información se vuelve crítica. Si un modelo tarda minutos en cargarse, la productividad se pierde. Por eso, los SSD de última generación, capaces de alcanzar velocidades cercanas a los 15.000 MB por segundo en estaciones de trabajo y servidores, se vuelven piezas fundamentales del ecosistema.

Actualizar memoria y almacenamiento suele ser la forma más sencilla y económica de extender la vida útil de un equipo. Muchas veces no es necesario reemplazar la computadora completa: ampliar la RAM y migrar de discos mecánicos a unidades de estado sólido permite recuperar agilidad y adaptarse a nuevas exigencias sin una inversión excesiva.

La inteligencia artificial va a integrarse progresivamente a nuestras tareas diarias. Preparar los equipos para ese escenario no significa solo adquirir tecnología nueva, sino asegurar que memoria y almacenamiento estén a la altura del desafío. El rendimiento real depende, más que nunca, del balance del sistema.

(*) José Luis Fernández: Gerente de Tecnología de Kingston para Latam