A cinco años de la caída de las torres gemelas

Por Samanta Cuglia - Matías Aizpurúa
Sí la tecnología fue concebida para mejorar la vida, poco a poco se transforma en una herramienta que tiene (además) el objetivo de controlar a millones de personas. Después de los atentados a las torres gemelas, la nueva función de la tecnología plantea un nuevo análisis. Canal AR expone un panorama al respecto.

Desde las más conocidas empresas de software y tecnología hasta los segmentos privados, emplean nuevas técnicas de control y espionaje. Las fuerzas armadas se despliegan ante cualquier amenaza. El mundo está cubierto de expectativas sobre el horror del terrorismo. Esto no es una noticia.

Hoy, a cinco años de la caída de las torres gemelas, se pueden encontrar en la Red de redes, muchas opiniones y novedades. Desde el concurso para la reconstrucción de los edificios, bautizados “The Freedom Towers”, hasta las investigaciones y estadísticas sobre las maneras de morir en los Estados Unidos, también los códigos implementados para “prevenirse”, y con esto el pensamiento de que cualquier persona extranjera es sospechosa y un posible atacante para el país.

A partir del 11 de septiembre, cambió la perspectiva, cambió la manera de pensar. Se suma, también, que hay una nueva manera de comunicarnos: Internet. A través de este fenómeno se puede planear una guerra, pero también se puede detectar y frenar. Por esto, diversos programas con el fin de espiar el movimiento de las personas se pusieron en marcha. Uno de los más conocidos es: “La red Echelón”. Este sistema de espionaje se diferencia de otros sistemas de información e inteligencia. Puede ejercer el control simultaneo de todas las comunicaciones. Todo mensaje enviado por fax, teléfono, Internet o e mail, con independencia de su remitente, puede captarse mediante estaciones de interceptación de comunicaciones, lo que permite conocer su contenido.

Se trata, finalmente, de un sistema que funciona a escala mundial gracias a la colaboración e interacción de los Estados, lo cual posibilita una vigilancia este nivel. Poniendo en común iniciativas, recursos técnicos y lógicos, costes y objetivos, consiguen cubrir todo el planeta.

Cada vez se suma una nueva manera de control. Eso es palpable. Para agregar otro ejemplo, se puede nombrar la ley española que obligará a identificar a los dueños de las tarjetas de celulares y a guardar un año los datos de los mismos.

Sabiendo que somos vigilados de las maneras más extremas y también teniendo recortada nuestra capacidad de expresión y libre tránsito por nuestras ciudades (hasta aquellas que son virtuales), cuánta diferencia hay entre ser víctima de un ataque terrorista y un ataque de los propios gobiernos que intentan protegernos de los primeros.

El espionaje, si es que puede utilizarse ese término, llegaría a la casa de cada uno. Existen quienes acusan a Microsoft de realizarlo por medio de Windows XP. Pedro Rezende, matemático de la universidad de Brasilia, se preguntó cómo es posible que la compañía no recopile información personal de los usuarios, cuando en realidad el sistema procesa la dirección IP de quien usa Windows. Microsoft negó la acusación, pero en este contexto de supuesto espionaje, las palabras de Rezende invitan a la reflexión sobre las tácticas de las compañías y del nuevo ideal de seguridad propuesto desde “El Norte”.

En otra oportunidad, los medios de comunicación de todo el mundo publicaron una noticia que derivó en un escándalo. Acusaron en Estados Unidos a la Agencia de Seguridad Nacional de realizar escuchas telefónicas no autorizadas. Las empresas relacionadas con esto fueron AT&T, BellSouth y Verizon. Junto con la Agencia tendrían la base de datos más importante del mundo y el problema estaría dado por la ilegalidad de dicha maniobra.

Evidentemente, y como se ha dicho en otras oportunidades, esta es una de las consecuencias del mundo seguro que estamos viviendo. Pero se trata de una apariencia de seguridad extrema. Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, por cierto injustificables, han legitimado toda una diversidad de prácticas y se presentan actualmente no sólo como simples atentados, sino como un punto de quiebre entre el modo en que eran entendidas las libertades individuales. Por lo tanto, podría uno preguntarse qué significa la seguridad en esta nueva coyuntura.

Pero al margen de las libertades individuales, que ya de por sí justificarían un análisis muy extenso y complejo, se transforma el ideal de tecnología. Si ésta fue concebida para mejorar la vida del hombre, hoy se transforma en una “herramienta” que tiene (además) el objetivo de controlar a millones de personas. Se parece a 1984, de George Orwell, y a su “policía del pensamiento” que se encargaba de controlar las ideas de la población sometida a los deseos del Gran Hermano. Sólo resta decir que, en este contexto, tenga cuidado, observe, no vaya a ser cuestión de que algún día lo confundan con un terrorista.


Más información: info@canal-ar.com.ar.