Mitos, verdades y mentiras sobre RFID

Por Nayla Simeone
Constantemente surgen comentarios sobre los peligros futuros que la tecnología RFID puede llegar a significar. ¿Será efectivamente una violación a la privacidad? ¿Cuán cerca está Argentina de esta tecnología? En diálogo con Canal AR, Sandra Harriague, gerente de cuenta para América Latina de Zebra Technologies y Santiago Mendoza, especialista de solución verticales de industria de Oracle Latinoamérica señalaron cuán reales son todas estas teorías

RFID (identificación por radio frecuencia, en inglés) consiste en identificar un determinado pallet, caja o producto utilizando una etiqueta inteligente y un lector. Esta última tiene un lado de papel en el cual se imprime un texto, código de barras o gráfico; pero en su interior tiene incrustado un chip electrónico que almacena la información que luego será capturada por el lector. La novedad con respecto a su homólogo código de barra, es que no requiere una línea óptica para realizar la lectura, debido a que las ondas de radio se emiten omnidireccionalmente. Por otra parte, permite no sólo llevar un control cuantitativo, sino también cualitativo, y pueden realizarse muchas lecturas simultaneas.

Las necesidades del mundo actual, y la meta de reducir asuntos como los productos agotados, los tiempos en la cadena de valor y las necesidades de información en tiempo real de las empresas sobre sus productos, hicieron que EPC Global (Código Electrónico de Producto por sus siglas en inglés), comenzara a desarrollar experimentos con el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) para crear nuevas tecnologías.

En base a estos experimentos, la organización sin finaes de lucro GS1 comenzó a regular los estándares del código, las frecuencias y los precios, es decir todo el ambiente que rodea el tema. Pero más adelante los cambios se darán en torno a los nuevos estándares que la próxima generación de etiquetas inteligentes implicarán.

El uso más popularizado de esta tecnología ronda en la cadena de abastecimiento de los supermercados. La estadounidense Wal-Mart fue la primera en impulsar la necesidad de dicha tecnología. Se estima que será el puntapié inicial para que la misma se masifique, ya que con el solo hecho de que un jugador importante entre en tal mercado, será natural que entre el resto. De hecho, hace poco más de un año pidió a sus 100 mayores proveedores que incluyan las etiquetas en sus productos, y planean que para el año entrante sean 300. Por ahora es sólo una condición o sugerencia, pronto será un imperativo.

Un análisis de impacto realizado por la Universidad de Arkansas muestra que los clientes encuentran más rápidamente los productos que necesitan en las tiendas donde se instaló RFID; la falta de stock se reduce en un 16% y la velocidad de reposición se multiplica por tres. En nuestro país, si bien ya existen pruebas pilotos, por ejemplo en la cadenas de supermercados Coto, el mayor límite de implementación a nivel general es el costo.

Dado que el margen de ganancia que se maneja en los productos de supermercados es muy bajo, todavía no es posible la implementación de RFID en forma masiva. Para que eso suceda sería necesario que el chip cueste 5 centavos de dólar, cuando el precio actual va desde los 30 centavos hasta un dólar. Por su parte, Zebra Technology ha realizado una prueba piloto exitosa en Zucamor, empresa dedicada a la producción de papeles para corrugar y envases de cartón corrugado para productos del sector industrial (ver nota).

De todas formas, los costos recaerán en un futuro directamente en los proveedores, a costa de los cuales los supermercados se beneficiarán una vez que la tecnología se masifique. En los próximos años, las etiquetas no deberían tener costo alguno para el retail más allá de la lectura, como ahora sucede con el código de barra. En todo este dilema se funda la discusión actual: si un cliente grande decide implementar esta tecnología, los costos se trasladarán al mayorista y ahí será cuando las empresas chicas también deban adaptarse al cambio rotundamente.

Otro de los obstáculos es que la tecnología aún no es estable. Recién en 2006 comenzará a tomar impulso. Sandra Harriague, gerente de cuenta para América Latina de Zebra Technologies, en diálogo con Canal AR señaló: "Es difícil realizar un cálculo estimativo de cuál es el mercado actual al respecto. De hecho, recién cerca de 2010 podremos hablar de esta tecnología a nivel tiendas. Creo que hay un poco de confusión respecto a todo esto".

Desde IBM se señala como un catalizador para el cambio relevante, tanto para el mercado medio como para las grandes empresas. De hecho, en septiembre del año pasado la empresa lanzó una línea de productos y servicios RFID diseñados para las compañías más chicas. Pero, según comentó Harriague, un taller inicial para estudiar las oportunidades para adoptar RFID cuesta 15.000 dólares, mientras que la instalación del sistema piloto a escala, puede costar alrededor de 100.000 dólares.

Los ingresos mundiales provenientes de las etiquetas se incrementarán de 300 millones de dólares en 2004 a 2800 millones de dólares a fines de 2005.

En base a esto, Santiago Mendoza, especialista de soluciones verticales de industria de Oracle Latinoamérica en diálogo con Canal AR señaló: "Se estima que significará una revolución a nivel tecnológico de la magnitud de la telefonía celular. Aunque esto se dará una vez que el sistema sea robusto. Para eso Oracle creó un motor en donde se recibe y se distribuye la información para que otros aplicativos puedan utilizarla".

¿Tecnología invasiva?

Hasta acá, todo parece ir en su curso normal, pero se ha generado una polémica bastante importante, y sobre todo en Estados Unidos, en relación a que esta tecnología puede significar una invasión a la privacidad. Además de los usos señalados, el gobierno estadounidense planea colocar, para el año que viene, un chip de 64 Kb a cada pasaporte que contendría informaciones tales como nombre, nacionalidad, sexo, fecha de nacimiento, una foto digital y podrá sumarse información biométrica. Este anuncio fue sumamente criticado, ya que el 98.5% de los comentarios que recibió el departamento de Estado fueron negativos por las vulnerabilidades del sistema y su invasión a la privacidad.

El dilema consiste en que a través de los productos que compremos y del transporte de nuestro documentos, iremos generando señales de información hacia lectores que pueden llegar a identificar nuestros datos personales y gustos, y de acuerdo al tipo de etiqueta que contengan, hasta nuestros mismos movimientos. Ante tales cuestionamientos, Harriague defiende la tecnología diciendo que para que la información sea decodificada es necesario estar a unos pocos metros del lector.

No es un tema menor, y ante tales cuestionamientos, el gobierno norteamericano responde que la tapa del pasaporte permitirá bloquear la lectura de la información cuando el documento esté cerrado. ¿Así será? De todas formas, aún no se demostró oficialmente cómo se realizará dicho procedimiento.

Eduardo Thill, director general de Gestión Informática del Ministerio del Interior de la Argentina, señaló al diario "El Cronista" que por el momento no se analiza incluir RFID en los futuros pasaportes argentinos, porque "no es algo que sea bueno por sí solo. Hay que ver para qué se usa y eso todavía no está claro".

En base a esto, Mendoza comentó: "Cada Gobierno puede regular para que no se transforme en una violación a la seguridad. La propuesta ronda en que cada usuario final pueda determinar si quiere o no que dicha información sea leída por algún analista pudiendo quitar del producto la etiqueta inteligente".

"De todas maneras, pueden pasar varios años y eso da un rango de tiempo para que las organizaciones trabajen con los gobiernos con el objetivo de crear reglas claras al respecto. Se dice que esto puede tomar alrededor de 5 años", agregó Mendoza. En cambio, Harriague habla del 2010 y de que en ningún momento la persecución a la privacidad será factible. Ya veremos.


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