Elon Musk, o cómo ser tu propio prototipo

Julián Urman vuelve a CanalAR, con motivo del nacimiento de "X Æ A-12 Musk", el hijo recién nacido de Elon Musk

Si la realidad es una simulación similar a un videojuego, y si en dicho videojuego hay un jugador principal -un Player One- entonces los invito a que consideremos seriamente la posibilidad de que aquél no sea otro que el nativo de Sudáfrica conocido en este plano de existencia como Elon Reeves Musk.

Y esta afirmación no se basa sólo en que es una de las personas más ricas del planeta (número 31 según Forbes); si bien podríamos pensar que en el videojuego de la realidad los mega-ricos son los jugadores, y el resto de la población somos un conjunto de NPCs* generados acorde al procedimiento de un algoritmo diseñado para “dar la sensación de un mundo creíble”. Aunque pondría en tela de juicio cuán creíbles somos: a veces siento que mi loop es demasiado corto.
*”Non-Player Characters”, personajes no jugables.

Pero lo que me hace pensar que el mítico Player One de nuestra lúdica existencia es Elon Reeves Musk es el modo que tiene éste de jugar a nuestro juego. El ejemplo más reciente de su excéntrico comportamiento es noticia mundial: nombró a su hijo recién nacido “X Æ A-12 Musk”.

Antes que eso puso un auto TESLA en órbita con un muñeco de astronauta adentro. Antes que eso dijo que va a fundar una colonia humana en Marte. Está cavando túneles bajo las ciudades para disparar vehículos a toda velocidad porque se cansó del tráfico. Vende lanzallamas. Fabrica cohetes reutilizables. Y realiza intervenciones quirúrgicas para implantar dispositivos de interfaz cerebro/computadora en el cráneo de personas vivas. No lo hace él en persona, sino un equipo especializado de cirujanos; al menos eso espero.

Todas estas son acciones que hacen recordar a la gente que en el “Grand Theft Auto” se arroja a una piscina desde un piso ciento cuarenta adentro de KITT, el auto fantástico, vestidos con un disfraz de Cerdo Araña.

Es exactamente el tipo de comportamiento de alguien que ve la vida como un juego, y que anda con ganas de probar los límites: expandirlos, quebrarlos, o doblarlos; jaquearlos.

No hablamos de tirar un chancho desde un helicóptero, una acción que tiene la absurda crueldad de quien se toma el mundo demasiado en serio, y que tal vez debería aflojar con los estimulantes; esto es observar la realidad sin esa fina capa de grasa fría conocida como “convenciones sociales”.

Es realmente creer que el mundo es un “mundo abierto”, como se dice en los videojuegos que permiten la exploración libre, un verdadero open world sandbox*.
*mundo-abierto arenero; descripción típica de los videojuegos que permiten hacer “cualquier cosa” dentro de su universo físico.

Por supuesto que las acciones de Elon son mucho más simpáticas cuando bordan sobre la ciencia ficción, y no cuando pisan el terreno de los libertarios, como es el caso de la reapertura de su fábrica en California; porque mientras Elon tilda de fascista al gobierno por cerrar su planta, TESLA despide empleados y recorta sueldos.

Es que Elon sufre el problema que todos sufrimos cuando en un videojuego encontramos una puerta cerrada. Lo primero que vamos a hacer es golpearla, dispararle, intentar hacerla explotar por los aires. Es el síndrome del Player One que nos lleva a sentir que, si obedecemos a los límites del juego, sólo somos un jugador más. Un NPC.

Y ese es el peor destino para el Player One. ¿Y qué si no tengo agencia? ¿Si el juego me dicta cómo jugar? ¿Si soy sólo otro procedimiento del algoritmo?

Por supuesto, en el gran debate sobre el nombre del hijo del hombre detrás de Tesla hay un rasgo absolutamente sexista: poco se habla de Grimes, la madre, y la responsable (según Elon) de al menos dos tercios del tríptico que compone el nombre final, la X y la Æ. El aporte de Elon sería el A-12, en referencia a un avión que la CIA fabricó como parte de su programa de reabastecimiento de ZZZZZZZZZZ*…
*el que quiera la info completa lo googlea, no voy a andar copy-pasteando Wikipedia.

Pero me parece relevante señalar algo que no se dijo mucho, que es que el niño lleva sólo el apellido paterno, así que aún en un mundo en el que los nombres son elegidos en referencia a aviones míticos, o caracteres élficos que representan la inteligencia artificial como Æ, y con variables matemáticas que representan lo desconocido, la tradición de perpetuar el apellido paterno sigue firme. Así que la madre por ahora aporta la X… y la Æ.

Esto es, si la corte de California lo permite, ya que sólo se admiten nombres formulados con los veintiséis caracteres del idioma inglés.

Otra batalla para Mr. y Mrs. Musk… y para el pequeño A-12.

(*) Julián Urman: Escritor, guionista, músico, Spiderman.





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