Ultimamente he leído varios posts acerca de la importancia del fracaso, como la anécdota del gimnasio de Why You Need to Fail o la historia de cómo Pure Digital consiguió triunfar… a la segunda.
En mi experiencia, fracasar es, con diferencia, la mejor manera de aprender. Y, en contra de lo que se pueda pensar, es mejor todavía tropezar dos veces con la misma piedra: no recomiendo hacerlo a propósito, pero cuando ocurre suele dejar una sensación de cabreo que funciona muy bien para reforzar el aprendizaje ![]()
Lo normal es que si todo sale bien sea porque estamos repitiendo lo que ya tenemos dominado. La única forma de evolucionar y aprender es intentar hacer nuevas cosas, que unas veces saldrán bien y otras veces saldrán mal. Cuando conseguimos algo a la primera no le damos muchas vueltas, pero cuando fracasamos nos vemos forzados a analizar el porqué y a buscar caminos alternativos.
Así que deberíamos desterrar las connotaciones negativas del fracaso. No digo que debamos ser unos inconscientes y embarcarnos en viajes a ninguna parte y sin ningún tipo de sentido común: hay que elegir bien los retos y combinar energía, “cabeza” y determinación para alcanzar nuestros objetivos. Pero es casi inevitable que, por el camino, nos encontremos con unos cuantos fracasos: el aprendizaje de esos fracasos será, probablemente, una pieza clave de los éxitos futuros.
Algo que suele dar bastante miedo es el efecto que pueda tener el fracaso en el currículum. Habrá todo tipo de opiniones, pero en mi experiencia es mejor contratar a personas que hayan tenido éxitos y fracasos (y que sean capaces de explicar qué aprendieron de los fracasos) antes que a personas que tengan únicamente una larga trayectoria de éxitos.
Publicado por Gabriel Menta el Jueves 24 de Septiembre de 2009
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